Love

La primera vez que sentí el amor rondando por mi cuerpo fue a los quince años. Bueno, en realidad a los catorce. Porque tenía catorce cuando conocí al chico del cual me enamoré por primera vez. En ese momento el amor me daba vergüenza. Era incapaz de decirle a alguien que gustaba o me atraía. Cosas de pendejas. Podía relacionarme con chicos pero no con alguien que realmente me gustara. Nos hicimos amigos. Muy amigos. Él llegó a nombrarme entre sus amigos como “su hermana”. La noche que cumplí quince años mi mejor amiga de esa época (actual ex amiga) se lo tranzó. Los encontré besándose en un rincón del boliche donde habíamos ido a festejar mi cumpleaños. La muy hija de puta sabía cuánto amaba a ese chico y, sin embargo, lo besó el día de mi cumpleaños y terminaron de novios. Mi relación siguió con ambos. Para ese entonces ya tenía un poco la mente que tengo hoy.

El amor es libertad.

Tuve novios, tuve amigos con derechos, tuve todo lo que una persona tiene a medida que crece y se relaciona con personas. Pero pasaron muchos años hasta que me volví a enamorar. Y, en verdad, siento que esa próxima vez fue la primera y tal vez única.

Era Abril. Yo salía con un chico. Nada importante pero hacía unos cuantos meses que estábamos juntos. Nos habíamos peleado. No me acuerdo el motivo. Habían pasado semanas hasta que volvimos a vernos esa noche. Nos encontramos en el cumpleaños de un amigo en común. Rompimos el hielo después de unas cuantas cervezas. Terminamos juntos y reconciliados. Pasadas las tres de la mañana todos nos dirigimos a un bar donde íbamos siempre. Llegamos y mi festejante se encontró con un amigo. Ese amigo era un chico que había visto pasar por la barra de ese mismo bar un tiempo antes. Lo vi y me enamoré. Ese chico estaba hablando con mi fake boyfriend. En ningún momento nos presentó. Yo me hice la boluda all night long.

Pasaron los meses, llegó el invierno y una noche en la que tenía pensado quedarme en casa lo encontré en ese mismo lugar donde lo había estado esquivando por horas. Nos presentó un amigo mutuo. Una de las primeras cosas que me dijo fue que le parecía linda, en segundo lugar quiso darme un beso que rechacé y tardó meses en llegar.

Nos enamoramos mal. En nuestra primera cita hablamos de todo, inclusive de hijos. Meses después me confesó que me amaba, que me amo desde la primera vez que me vio, que pensó en casarse conmigo, que deseaba estar conmigo para toda la vida. Obvio que todo salió mal siempre que lo intentamos.

Nunca más volví a sentir un amor como ese. Por años pensé en que no pude volver a amar a nadie porque todo mi amor se lo había llevado él, había quedado con él.

Mis pesadillas no eran con fantasmas, muertos o zombies. Mis pesadillas consistían en encontrarme con él en la calle sorpresivamente y yo siempre embarazada. Él mirándome y preguntándome cómo pudo ser no haberlo esperado. Siempre me despertaba llorando, angustiada.

¿Cómo puede algo tan hermoso como el amor hacerte sentir tanto dolor? Eso se pregunta Murphy en Love. Puede que todos los días me pregunte lo mismo.

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