Siento algo parecido a una presión constante en el pecho y la garganta. Es parecido a la angustia. En el transcurso de veinte minutos voy a caminar por toda la casa llevando y trayendo cosas de un lugar a otro. Después voy a despedir a marido e hijo sosteniendo al gato como si fuera un bebé. Recién volveré al tiempo presente cuando haya escuchado el sonido de la puerta blindada sellándose mágicamente sobre la pared semi curva del living.

Es mi día libre. Es notable que llame así al espacio que se abre entre mis horas de sueño. Tomo mi primer mate. Pienso que va a estar helado pero no, el termo es bueno. De esos metálicos que se parecen a los de campamento militar pero en vez de mate hay vodka o whisky. La sola idea de ingerir alcohol a esta hora me hace bien. No porque vaya a hacerlo sino porque me gusta disponer de otras opciones, como un animal al que le ponen dos tachos de comida en vez de uno. Recuerdo que al gato le falta leche. Es adulto pero toma leche todas las mañanas. Sirvo las últimas gotas de la botella -siempre quedan pocas gotas- al igual que la soda, la Coca Cola o el agua: permanecen en la heladera en su fase final, aleardeando una existencia fría e inútil, como la de cualquiera. Casi nunca me llega el momento de abrir la botella, sí el de depositarla en el tacho de basura. Después de lavar la botella y verter la mitad del sachet en el lugar correcto y la otra mitad en el inadecuado, después de limpiar la leche derramada sin llorar sobre ella, considero que es el momento de volver a mis asuntos. Es decir que es tiempo de volver a mi ansiedad, o a mi angustia.

Busco en mi biblioteca a Ramacharaka, La ciencia hindú yogui de la respiración. Es la octava edición que hizo Kier, en 1992. La traducción es muy mala. Está escrito como hablan los hindúes en castellano: mal. Ramacharaka es uno de los seudónimos de William Walker Atkinson , un abogado, comerciante, editor, y escritor, pero también ocultista y un pionero estadounidense del movimiento el Nuevo Pensamiento- Sin embargo, mas allá de la desconfianza que me genera alguien que se hace pasar por otro, el contenido del libro es útil.

Subrayo esta frase:

“Nada es permanente en el mundo de las formas y, no obstante, la única realidad es inmutable.” Pienso que Ramacharaka no supo si copiar a Parménides o a Heráclito. De cualquier manera, lo importante en este caso es poner el foco en lo que no se ve, intentar llevar esta angustia un poco más lejos del presente con el viejo truco de la ampliación de campo. La realidad inmutable es un placebo que, en mi caso, funciona. Creo que desplazar la angustia del Lunes a la angustia existencial es un movimiento interesante. Me conformo ahora con poner ropa a lavar y hacer las camas.

Vuelvo a leer. La frase que sigue:

“En pocos meses cambia casi por completo la materia constitutiva del cuerpo, y apenas si un átomo de los que ahora forman nuestro cuerpo se encontrará en él dentro de unos meses.”

Al parecer, Atkinson tuvo éxito como abogado, pero el stress lo hizo pelota. En la década de 1880 se dedicó a curarse. Fue ahí cuandó se metió en el Nuevo Pensamiento. Le empezó a ir bien con eso, dejaba buena plata y no tenía que pelearse con nadie. Aunque su éxito, en gran medida, siempre se debió a que era un hombre práctico.

Atkinson también fue Magus Incognito, Theron Q. Dumont, Swami Pachandasi. Con cada nueva identidad, Atkinson creaba una nueva escuela de positivismo. Lo que no le funcionaba a Ramacharaka era bueno para Pachandasi. Atkinson fue como un Pessoa pero no tan deprimente.

Murió a los setenta y dos años de un infarto. Supongo que por eso tanto no lo admiro, los sabios eligen su propia muerte. Ellos van hacia allá. Despiertan y saben que, ese día, van a estar muertos. Pese a la angustia, no creo que vaya a morir hoy. Veo por la ventana que los albañiles del edificio de enfrente salieron a disfrutar la mañana. En verdad, están colgados de las paredes y me hacen acordar a una instalación en la que había un edificio y un espejo y los visitantes se acomodaban en las paredes y las ventanas armando siempre una imagen distinta. Es Lunes, la semana recién empieza.