El pantano de la moral corriente.

Nadie le enseña a la gente a dar y a recibir, aunque sea importantísimo; el mundo es un constante ejercicio de acuerdos.

No estaría de más enseñarle a los hijos del porvenir que el respeto es el espejo de una sociedad más justa. Que el esfuerzo es un camino virtuoso, y los atajos son espejismos con reconpensas efímeras. Que la ley del menor esfuerzo, es también un ancla para la própia voluntad. Que del correcto proceder nace la verdadera seguridad individual y un orgullo positivo. Y que si está buscando los límites que vos no le pusiste, más temprano que tarde los va a encontrar.

Uno tiene que, dirariamente, luchar con el estorbo de los que no cumplen con su cuota de trabajo diário.

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