Decidí escribir este post por la impresión que me generaron la historia y las imágenes del articulo de “the guardian — The imperfect but honest image of a woman’s body” ( http://bit.ly/1nvCJih). El texto presenta a una valiente mujer que decidió enfrentar el cáncer y realizar un retrato de su cuerpo. Mi sorpresa, y lo que me hizo reflexionar, no fueron las imágenes mismas sino saber que la reacción de las personas fue negativa e incluso muchos dejaron de seguirla por haber publicado su foto desnuda. ¿Por qué las personas se han de molestar con una foto tan honesta y tan bien lograda?

Gracias a este retrato Beth perdio mas de 100 seguidores en facebook.
Últimamente, cada vez que voy a montar una foto en Instagram no puedo evitar parar por un segundo y preguntarme qué tan honesta es mi foto.
Así es, creo que todos hemos caído en el encanto de Instagram en compartir nuestras vidas, nuestros momentos más íntimos y más aún siempre tratar de mostrar lo mejor de nosotros.

En alguna ocasión subí una foto de los zapatos de una de mis hijas y en verdad estaba orgulloso de la foto por su vibrante color y porque capturaba y hablaba de lo que es mi hija (en realidad esa no fue esa la razón). Se la mostré a un amigo y él me dijo: “esta bonita la foto de Instagram”. No tuve que preguntar para entender que esta foto podría hacer parte de una exhibición entera de fotos similares que miles de personas toman día a día.
Hemos llenado nuestras vidas de esos “momentos Instagram” que a la final son vacíos, pues estamos dejando a un lado el contexto de la historia solo por la estética.
Creo que esto no se debe solo al fenómeno de Instagram. Está claro que hemos venido creando estos estereotipos de perfección que nos alejan cada vez más de la realidad, pero también es cierto que nuestra vida digital trata de exceder las expectativas y llenar nuestros vacíos continuamente.
Solo falta ver algunos de los perfiles de Twitter o Instagram que en su portada tienen una mujer atractiva, o perfiles que muestran alguna parte de su cuerpo desnudo para ver cómo se eleva su número de seguidores.
Creo que la fotografía ha cambiado tanto que antes una foto era el sinónimo de un tesoro. Se cuidaba con recelo cada foto que se iba a tomar para “no acabar el rollo” ¡Era una sensación ambigua, pues a la vez se quería contar con las fotos en las manos para verlas! Ese era el propósito: ese instante congelado, el recuerdo materializado. Hemos perdido por completo ese significado. Ahora, de una tarde de paseo podemos tomar 500 fotos. Una simple fotos de amigos tarda mucho más tiempo mientras se realiza la extensa “curaduría” que al final es expuesta al mundo entero mientras se sumerge lentamente en el mar de información que consumimos y producimos a diario (rara vez esta foto llega a ser impresa).
Es por esto que a veces, cuando tomo impulso para tomar una foto, decido simplemente observar ese momento y guardarlo en mi memoria, esforzarme por reconstruirlo y no simplemente dejar que se convierta en un número olvidado.
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