Barítono Gahan

(Spirit)

Por Mixar López

You have poison in your heart

Yeah I’m sure of it

I knew right from the start

From the moment we met

You know we have to break up

You’ll always be alone.

Poison Heart, Depeche Mode

Que llegaste al mundo montado en un bajo eléctrico preconcebido por las manos tersas de un Dios Ecléctico en Epping, Forest, una ciudad dentro de una parroquia, en donde se te dio el don y la oscuridad de un La grave y un Fa agudo, la voz de los villanos. Que fuiste abandonado por tu padre terrenal junto a Sylvia y la pequeña Sue, que te había llegado el salvajismo con la adolescencia, ese defecto del que nos curamos demasiado pronto; que fuiste arrestado como Jim Stark por conducir motocicletas pesadas y hoscas a toda velocidad, así como por rayar oraciones sucias en las paredes. Que fuiste tú quien, bajo los influjos de la anarquía, fundaste The Vermin, aquella banda que emulaba los sórdidos sonidos de los Sex Pistols, que fuiste tú quien tarareó “Héroes” de David Bowie en una obscena sala de conciertos, que fue así que el efebo de Clark te invitó a unirte al ensalzado Composition of Sound, esa banda de los aún desconocidos Martin Gore y Andy Fletcher; que fuiste tú quien le cambió ese nombre pitero a la banda, que escogiste el de Depeche Mode porque lo habías leído en una revista de modas francesa. Que fuiste tú, Dave Gahan, quien se sintió en el fondo de la fama, avergonzado por no saber tocar ningún instrumento, más que dominar esa voz estentórea de trueno surcando el limbo, por vestirte como un maniquí y por cantar como los villanos en las operas de los teatros como un autentico barítono, una voz sepultada por las drogas, una voz de mazo de los nibelungos sobre el bajo del Demonio, explotando las bocinas e incendiando las tangas de las chicas londinenses, una voz emergida, resucitada, expulsada de las salas de rehabilitación, como los villanos de la opera, emergida de ahí, del fondo de las substancias y la emancipación de los sentidos. Que fuiste tú quien decayó, que fuiste tú un fantasma toxicómano, un espectro enamorado de la aguja y la cuchara, que fuiste tú, Dave Gahan, padre irresoluble, oscuro y hermoso, quien pensó que podía controlarlo todo, quien creyó que podía hacerlo esporádicamente, cuando te apeteciera, celebrar una fiesta —o varias – a lo largo de un mes; y un mes después estabas ahí sentado, temblando y preguntándote qué es lo que había pasado. Que fuiste tú quien vivía entre un pinchazo y una depresión, que jugabas con fuego. Que fuiste tú quien vivía ahí, en la enorme, triste y vacía Sala Azul, que fue ahí el lugar en el que te conocí… te habías cortado las venas con una máquina de rasurar, entonces volviste a ser sólo tú, Dave Gahan y nadie más.

​El número catorce es un número que fue muy importante en todas las culturas y civilizaciones que surgieron alrededor de los ríos Tigris, Eúfrates y Milo. Para los sumerios, el catorce era el número que ayudó a Nergal a acceder al trono y proclamarse al Dios de los infiernos. ‘Spirit’ (Espíritu) es esencialmente, el décimo cuarto álbum del Depeche Mode de David Gahan, para el que compuso uno de los doce tracks que conforman el disco, “You Move”: “We had something, that was yesterday / Temptations knocking at my door / You talk to me about the life we could´ve had / Oh, we dont have that life no more”, una lírica que nos rememora a la figura de la “templanza”, representada en el Tarot por un ángel o una mujer que manipula la mezcla correcta, el remedio adecuado que nos tiene que sanar y guiar: “You know you could´ve given more”. Estamos ante el ente de la armonía, que conduce al hombre a través de pasajes difíciles, hacía una regeneración, un mundo nuevo, el mundo desconocido del Barítono Gahan.

​’Spirit’ es el equivalente musical al monumento del hombre regenerado, un homenaje a quienes, en su último sacrificio, se vuelven uno con el espíritu y la resignación. Los versos confirman lo valioso de su lucha, ellos y el alma se funden por medio de su martirio: la materia los absorbe y permanecen (por siempre) inseparables. ‘Spirit’ también ofrece un modo de resolver el conflicto de la droga: la eliminación deliberada y secreta de los cuerpos de quienes fueron asediados por la heroína. No hay brazo para enterrar la aguja, ni queda testimonio físico de quien fuera alguna vez un ser humano feliz, están todos “muertos”.

​Las de Dave Gahan son “voces masivas” emulando a una sola para proyectar un sentido de fuerza y unidad, estableciendo así un paralelismo, especialmente en lo que respecta al sentido de unidad, con la representación lírica que Martin Gore hace de la fusión del ángel oscuro con el conjunto de la banda, de la nación. Acentos marcados en los pulsos fuertes, beats cortos y una marcada tonalidad menor crean una música que avanza solemne y determinada, en un tempo similar al de canciones emblemáticas de Derrick May, Kevin Saunderson y Juan Atkins. Estas secciones rítmicas se alternan con otras en tempo muy lento, de evocación, cuyo acompañamiento de cuerdas y voz barítono de Gahan recuerdan, de nuevo y de manera contundente, al poder del espíritu.​

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