Invisible

Ella era invisible, no existía, ni tan solo en su imaginación. Se conocieron, estuvieron juntos, pero seguía siendo invisible.

Se juntaban algunos días, escasos siempre para ella, aunque llegaron a hacer algún viaje juntos, pero no existía.

O tal vez sí. Tal vez no era invisible, tan solo era alguien a quien esconder, alguien de quien avergonzarse, alguien de quien su familia y sus amigos no debían jamás sospechar de su existencia.

Y ella lo asumía, porque para ella estar con él era más importante que todo eso. Porque él le daba tranquilidad, y, por extraño que parezca, hasta conseguía que su escasa autoestima se elevara ligeramente.

“Qué más da, simplemente él es así, no busques motivos”, se decía a sí misma, tan solo disfruta.

Y de pronto todo se acabó. Se acabó porque nunca llegó a empezar, porque todo fue mentira, porque ella no existía. Porque en todo ese tiempo, ella fue invisible.

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