Compromiso no es capitulación

Sobre la bienvenida atenuación de la polarización en México

mkeuv
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Aug 24, 2017 · 3 min read
“Abrazo de Acatempan” de Román Sagredo

22–08–17

“A compass, I learnt when I was surveying, it’ll… it’ll point you True North from where you’re standing, but it’s got no advice about the swamps and dessert and chasm that you’ll encounter along the way. If in pursuit of your destination, you plunge ahead, heedless of obstacles, and achieve nothing more than to sink in a swamp… What’s the use of knowing True North?” — Guión de “Lincoln”; cinta de Steven Spielberg.

Mucho se ha criticado recientemente sendas propuestas de coalición de partidos opositores a la administración corriente, a saber: La propuesta de conformación del llamado “Frente Amplio Democrático”[1] que busca amasar distintos electores para la contienda por la primera magistratura federal en 2018 y, últimamente, la pretendida coalición legislativa[2] buscando crear un bloque respecto a una única agenda de leyes.

  • [1] Frente Amplio Democrático: Propuesta del Partido de la Revolución Democrática (PRD) de acordar, junto con el Partido Acción Nacional (PAN), Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y otros un candidato único comprometido a una agenda contra la corrupción.
  • [2] Frente Amplio Legislativo: De manera mucho más ambiciosa se pretende dar con una agenda legislativa común.

Pero, ¿Cómo podrían partidos hasta muy poco antagónicos y de doctrinas tan diferentes aspirar a semejante acuerdo?

En cuanto a la aspiración a la presidencia de la república, podría decirse que menor dificultad encuentra el pacto entre partidos que aborde la diligente ejecución de las leyes anti corrupción, además jurídicamente resulta innecesario: La constitución de la Unión ya obliga al mandatario a ejecutar las leyes y proteger el ordenamiento jurídico mexicano, clásico deber ante el derecho o “duty to the law” de la cabeza de cualquier poder ejecutivo. El pacto referido sería entonces tan sólo de efectos políticos.

Ahora bien, respecto de aspirar a una agenda legislativa en bloque sí se presenta una dificultad notable: No es tan sencillo como en el primer caso donde la faena casi totalmente se resume a acrecentar el costo político ante la opinión pública de darse una nueva deficiente gestión anti corrupción; en este caso, tenemos partidos que pretenden conciliar a la hora de dar diseño a normas generales y abstractas que ordenan y sancionan (con contenido penal y económico) ya no sólo materias sobre la específica responsabilidad de funcionarios públicos sino también de la regulación del sistema económico nacional y sus propósitos.

La suerte de este complejo “gobierno de transición” de sendos frentes no la determinará, como algunos creen, la vistosa elección presidencial, sino el juego deliberativo del congreso a la hora de ordenar la sociedad mexicana.

Y allí entrará en juego, sin lugar a dudas, el choque de doctrinas partidistas; el tradicional enfrentamiento entre los que quieren que el estado se haga de los medios de producción, contra los que sugieren lo mismo pero a favor de los ciudadanos. Allí es donde los verdaderos abrazos de Acatempan tendrán que darse, allí es donde tendrá que haber verdadero compromiso de gobernabilidad.

A propósito de ello, se hace imperante abordar el hecho de que comprometerse no implica capitular. Una capitulación contiene un desistimiento de los objetivos propios frente a la contraparte; el compromiso por su parte, abarca el intercambio mutuo de concesiones para lograr un objetivo común sin desistir de los objetivos propios.

Se trata de un acto de sensatez, de imponer el pragmatismo ante el idealismo partiendo un valiosísimo y urgente “pre contrato”: que la sociedad mexicana sólo puede solventar su terrible crisis de probidad pública con rápidas acciones en vez de elaboradas tesis.

  • Por cierto, el reto mayor lo tendrá el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que, de darse este gobierno de coalición, tendrá que elegir entre convertirse en una oposición de altura (¿quizá hasta sumarse a a alguna posturas de la coalición?) o redundar en el obstruccionismo típico de la polarización partidista.

Si luchar incansablemente por defender “el verdadero norte” perpetúa más a México en el peor foso de corrupción de su historia reciente ¿De qué nos sirve saber dónde está el verdadero norte?

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