Instinto

Sentada en la tribuna de cemento del club de barrio veía, distraída, un entrenamiento de fútbol de mi hijo. A varios metros de distancia estaba él, con sus algo torpes piernitas de ocho años, tratando de esquivar conos y dominar una pelota que se empeñaba en alejarse de sus pies.

Hasta que apareció en el cuadro un niño que se le acercaba insistentemente y le decía algo al oído. El mismo gesto con su brazo que pretendía alejar a ese niño, encendió mi alerta. Dejé de chequear Twitter en el teléfono, desatendí las alertas de los chats que se empezaron a acumular, mi espalda se tensó, mis ojos hicieron foco.

Se repitió la escena. El niño ajeno acercándose, las palabras inaudibles entre el griterío generalizado, el brazo de mi hijo intentando alejarlo. Y mi estado de alerta que se convirtió, lenta pero indefectiblemente, en una oleada que nacía desde el centro de mi cuerpo y se irradiaba hasta nublarme la vista.

Pensé en saltar de la grada y lanzarme al medio de la cancha para enfrentar a ese monstruo en miniatura. Imaginé amenazas, apretones de brazos, miradas llenas de odio que despertaran temor. Opté por recorrer los pocos pasos que me separaban del profesor y reclamar, con palabras torpes que salían descontroladamente de mi boca rígida en una mueca que escondía mitad furia y mitad angustia, que resolviera la situación.

Desandé el camino en medio de decenas de niños que me esquivaban y algunas pelotas que chocaban contra mis piernas. No tuve ni siquiera el decoro de caminar por el borde del gimnasio hasta sentarme nuevamente en el frío cemento.

Volví a hacer foco en él. Toda su atención estaba puesta en que su cabeza pudiera darle dirección a la pelota que le lanzaba el profesor. Absorto en sus ocho años y su ilusión de un futuro poblado de goles y de estadios llenos. Así lo vi.

Esperé un rato a que la oleada se aquietara dentro de mí. Descrucé los brazos, aflojé la mandíbula. El otro niño caminaba con la mirada baja junto al profesor. Escuché un sonido que provenía del bolsillo de mi campera. Tanteé el teléfono, bajé la vista, leí un mensaje.

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