Cúrate antes de alistarte. La transfobia que esconde el último anuncio de Trump

Ayer Trump vetó a las personas transexuales de servir en el ejército de los EEUU. Asegura que lo hace por razones económicas.
Argumenta que los transexuales necesitan una serie de tratamientos que son costosos para las arcas públicas, pero muchos medios ya se han apresurado a remarcar que estos costes suponen menos del 0.14% del presupuesto militar, que es menos de lo que cuestan 4 viajes de Trump a Mar-A-Lago, su residencia privada en Florida, y es mucho menos de los 84 millones que se gastan en Viagra y en otro tipo de tratamientos.
Se habla también de que permitir la entrada de transexuales abre la veda para que se explote el presupuesto militar con fines personales, o sea para costearte el cambio de sexo. Pero es una idea totalmente descabellada pensar que una persona transexual se alistase a un programa tan duro como el militar solo con ese fin.
Además, estos procesos de reasignación suelen ser procesos largos y progresivos que no comienzan ni terminan con una operación. Muchos transexuales en el ejército comienzan su cambio de sexo muchos años después de alistarse. Por eso es ridículo pedirle a alguien que termine su cambio de sexo y después de aliste. Sería como pedirle a alguien que tenga su cáncer, su depresión o su embarazo y después se aliste.
Los transexuales son personas que sufren muchísimo, y no sólo por el brutal proceso psicológico y físico que supone darte cuenta de tu género no se corresponde con tu sexo, sino también por los prejuicios de una sociedad que no se lo pone fácil. Por eso, el bienestar de estas personas es un derecho humano que debemos respetar, y si eso implica invertir un 0,14% del presupuesto militar, debería acatarse sin rechistar, igual que no se rechista con otros gastos como los tampones, que ya puestos, también podrían declararse prescindibles, vetando a todas las mujeres del ejército.
Detrás de esta decisión se esconde una idea macabra, que comparten muchísimo americanos, y que argumenta que “hormonar a personas y cortarles el pene” es un gasto ridículo, destinado a gente mentalmente inestable, y cuyos tratamientos no tendrían que costearse con sus impuestos. Pero estos tratamientos son tan dignos y necesarios como cualquier otro, y más aún, cuando benefician a personas que están dispuestas a dar la vida por nosotros en el ejército.
Ya hace años que, como sociedad, comprobamos y comprendimos que la transexualidad no es una aberración, ni una inestabilidad mental, sino una situación natural, que causa sufrimiento y que tiene solución.
Ayer EEUU, desde su posición de líder del mundo libre, dio un ejemplo horrible a todo el planeta. Volvió a tratar a los transexuales como ciudadanos de segunda clase, reforzando los discursos transfobos en las redes sociales, agitando un escenario que ya estaba bastante agitado de por sí. Lo de ayer también es transfobia.
