Panamá Papers y la hipocresía chavista

Ayer domingo aparecieron unos documentos llamados #PanamáPapers, archivos de un bufete de abogados de Panamá que se encargaban (o se encargan) de abrir compañías en paraísos fiscales para cualquier cliente.

Tener una cuenta off-shore no es un delito, ni es malo, el problema y lo llamativo de estos #PanamáPapers es que muchas de las cuentas y empresas de papel que disfrutaban de esos paraísos fiscales, son propiedad en mayor o menor grado de funcionarios de gobierno, militares, contratistas “preferidos” de altos funcionarios, que no solo no declararon en ninguna parte que tenían (y tienen) esas cuentas y empresas registradas allá, sino que no tienen manera de justificar las fortunas que manejan, mucho menos cómo con un empleo en la administración pública pudieron amasar esas grandes fortunas.

Fortunas en cantidades en las que la imaginación no alcanza a menos que le demos una ayudadita: fortunas equivalentes al dinero con el que se paga la comida, medicinas e infraestructura de un país, o varios países.

Andorra, Rusia, Irán, China, Suiza, sinónimos de “tengo una plata escondida allí” para los corruptos y bandidos de ciertos gobiernos. Ahora además aparecen otras cuentas, otras empresas, más pruebas innegables del saqueo a la nación de una gente que llegó protestando porque en la tercera compañía petrolera más grande del mundo de ese entonces, PDVSA, (hoy reducida a cenizas y a vender pollo, cuando hay pollo), les “daba la cola” (aventón) a ejecutivos y altos funcionarios del gobierno en su flota de avionetas. Hoy no necesitan de eso porque cada uno de ellos tiene aviones, varios, para no tener que codearse con “esa gente” que les reclama que no hay medicinas para el cáncer ni la hipertensión.

Gente que llegó pidiendo un cambio porque los gobiernos anteriores eran corruptos, y sin duda que ellos lo hicieron mejor: es decir, fueron mejores corruptos que los anteriores, y acabaron con todo, en cantidades superiores y con descaro mayor. Ni vale la pena hablar de quienes los defienden, (esta mañana leía en un “portal” afecto al oficialismo que ellos no creían en esas denuncias, “porque no hay denuncias ni de un empresario de la derecha”), se puede ser fanático de algo, pero ser idiota es otra cosa.

Convirtieron un país petrolero, en un lugar donde no hay papel toilette.