Onírico 2

Entran justo cuando yo estoy tirado boca arriba abajo del alero, viendo las gotas de sol pasar entre las hojas de la enredadera. Entran de atrás y me preguntan qué opino de la experimentación con animales. El hijo de puta me pregunta eso porque sabe que me interesa, que yo estudié esas cosas. Pero cuando empiezo a girar lentamente, sin dejar de mirar las hojas y el sol, hasta que por último me doy vuelta y lo miro, ya es tarde, lo tengo encima. Ya se me tiró arriba con su guardapolvos blanco con olor a jabón de lavar y suavizante, secado al sol y con las marcas de la plancha. Y el pinchazo me da en el hombro, y el dolor puntual de la aguja, en un segundo, se transformó en una estrella, y en un segundo más ya es la espuma de una ola que avanza por mi arena. El polvito efervescente de un caramelo Fizz que avanza por toda mi arena. Y el dulce sopor ya viene, y el eco de los ladridos de un perro ya se empieza a apagar en blanco.
