Otoño

El primer recuerdo que se me viene al pensamiento si pienso en el otoño son aquellos domingos limpios de San Francisco. El Diego, las bicis, los autitos, la juguetería de Sáenz Peña desde afuera, la ñata contra el vidrio. Y pasar por los montoncitos de hojas secas con la bici para desarmarlos. El olor a humo en el aire y el sol poniéndose por allá atrás de la casa de Pipo, donde todo era un gran campito. Ibamos al club Colón y le pedíamos etiquetas de cigarrillos tiradas a los viejos que fumaban, para coleccionarlas. El humo del tabaco y el humo de las hojas de fresno quemadas. Las bicis y los pantalones de buzo con rodilleras cosidas por la nona.

La niñez y los domingos, la niñez y la nona que se iba, la niñez y mis tíos, y el Fernando que iba a Bomberos a ver a Fernando Bladys. La niñez y mi viejo chupando vino en damajuana y escuchando los partidos. La niñez y juntarnos todos a comer y después cenar las sobras. Qué duro y qué frio el pavimento, que calentito el sol y que fresquito el viento y el olorcito a tierra húmeda. ¿Adónde íbamos que siempre había un lugar para irnos? ¿Adónde vamos ahora que ya no hay bicis, ni fresnos, ni humo, ni hojas que crujen, ni nona, ni viejo, ni vieja?

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