A mis compañeros de teatro

Están los que se lo recomendaron, los que siempre quisieron, los que quieren vencer algunos miedos, o porque son los “payasos del grupo” y desean explorar nuevos horizontes. Están los miedosos, los callados, los osados, los tímidos, los que tienen el don de hacernos reír. Los que pasan primero y los que nos sorprenden con sus historias. Los grandes, los chicos, los estudiantes y los profesionales. Los que vienen de aquí y los que vienen de allá.

La vida es un mundo de infinitas posibilidades, y una de ellas se da cuando nos encontramos a las 18.30 del viernes, cansados porque la semana se hizo interminable y listos para vivir una nueva aventura, para olvidarnos de todo lo que pasó, lo que va a pasar, y jugar a ser niños otra vez. Nos une la incertidumbre de no saber la historia que vamos a contar hoy y la seguridad de tener las ganas de divertirnos con cada actividad que nos propone el profe. Nos une que, a pesar de no saber nada del otro, nunca nos comunicamos tanto con una simple mirada. Nos une la confianza de cerrar los ojos sabiendo que alguien más va a estar ahí ayudándonos a dejarnos llevar por impulsos.

Ojalá la vida fuera tan simple. Ojalá que por un simple apretón de manos podamos conectarnos con las demás personas. Ojalá podamos mirarnos más a los ojos. ¡Qué fácil sería si todos tuviéramos esa confianza! Y no sólo confiar en nosotros mismos, sino también que en conjunto con el otro podamos hacer del mundo un lugar mejor para vivir. Que hermoso sería tener la posibilidad de unirnos como en las clases pero en la vida real, ¿no?

Sí, soy una ilusa revolucionaria que quiere cambiar el mundo o “la zurdita hippie” como me llaman algunos. Sí, tengo fé, esperanza, ilusiones de vivir en un lugar mejor. Porque como decía Gandhi, si no somos nosotros ¿quién? Si no pensamos y accionamos para cambiar ¿quién lo va a ser? Amo ser rebelde, amo querer cambiar las cosas, y sé que voy a tener muchísimas piedras en el camino, mucha gente negativa, pero que con unión y confianza lo vamos a lograr. ¿A qué voy con toda esta flashada? Que mientras sigamos haciendo lo que nos gusta, lo que nos divierte, y contagiando esa energía a más personas, podemos lograr mucho, incluso con una simple mirada.

Hoy les escribo estas líneas para decirles GRACIAS. Gracias por la confianza de todo este año, por las sonrisas de todos los viernes, por animarse a más conmigo. Muchos dicen que la vida se trata de correr riesgos, y que probar cosas nuevas, animarnos a más es lo que nos mantiene vivos. Pero el éxito para mí, es dejar de pensar que estar entre personas distintas o desconocidas existe algún riesgo. El día que empecemos a confiar en el otro y unirnos, va a ser cuando realmente el cambio que les hablé anteriormente sea posible.

No soy la misma persona que esperó media hora el 67 y llegó el 28 de Marzo preguntándose cuál fue el impulso que la llevó a estar encerrada con gente desconocida. Soy una persona con más confianza que se dio cuenta que realmente teniendo pasión por lo que hago, puedo convertirme en un motor del cambio. Porque como se dice por ahí, el mundo necesita gente que ame lo que hace, porque de esta forma vamos a esmerarnos por hacerlo bien. Porque si todos hiciésemos lo que a amamos, la felicidad no sería ese objetivo inalcanzable sino una constante intermitente, pero nunca inexistente, en nuestras vidas.

Soñemos, soñemos siempre y no dejemos de soñar, que si trabajamos por nuestros sueños con constancia, perseverancia y un profundo amor por lo que hacemos, un día, al despertar, veremos nuestros sueños, alguna vez ilusorios, hechos totalmente realidad. O por lo menos eso es lo que creo yo.

¡Encontremos esa chispa que nos hace vibrar!

Que no se corte,

Paula.

(Ilustración: Diego Crescimbeni)

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