Ni a los españoles, ni a los nórdicos: No nos gusta el frío

Muchos de nosotros tenemos la sensación de que el invierno que vivimos cada año es el más frío que recordamos. Las imágenes de los temporales, las nevadas, la bajada de las temperaturas… Aún no tenemos los resultados finales de la estación más fría del año pero, a buen seguro, muchos compartimos la idea de que, en esta ocasión, se han sucedido los frentes, dejando metros de nieve acumulados en prácticamente todas las zonas de altura de la geografía española.

Ante las alertas de olas polares de frío, pensamos en comprar camisetas térmicas, ponernos dos pares de calcetines o medias debajo de los pantalones y, sin ninguna duda, reprogramar la calefacción. No nos gustan demasiado las bajas temperaturas, así que, aunque finalmente el termómetro baje solo un par de grados y el tiempo sea el normal para el invierno, salimos de casa preparados para enfrentarnos a un clima adverso, más propio de otras latitudes e incrementamos el calor de nuestros hogares.

En general, estamos más acostumbrados a las temperaturas cálidas, a hacer vida en la calle a partir de los 15 grados. ¿Ha visto usted muchos niños en los parques con los termómetros por debajo de los 5 o 10 grados? Seguro que no. Nos refugiamos en nuestras casas, haciendo alguna excepción si nos ha conquistado la fiebre del running, aunque acortamos significativamente el recorrido.

Por eso, no es nada sorprendente que, durante los días en los que ha habido ola de frío en las últimas semanas, los españoles hayamos incrementado el consumo de calefacción en más de un 38 por ciento como media, según los registros de los dispositivos de momit, ubicados en toda España.
Curiosamente, además de los aragoneses y los castellanomanchegos, los valencianos, a pesar de contar con un clima más suave, han sido los más frioleros. No sorprende, por tanto la conclusión de que aquí, en España, nos gusta el calor, huimos del frío, aunque en realidad, no sea tan intenso en el exterior.

Es evidente que no estamos acostumbrados a las bajas temperaturas, pero aquellos que sí lo están tienen un comportamiento muy parecido al nuestro en sus casas. Apuestan por el calor y la confortabilidad en los espacios cerrados. Al margen de la valentía que muestran muchos de los que son habituales de las saunas ubicadas en el exterior de las casas, junto a lagos helados, sus hogares son muy cálidos (a veces en exceso).
Esto supone también un importante gasto en calefacción en la mayoría de estos lugares, si exceptuamos algunas zonas como Islandia, donde la propia tierra genera un gran calor por la actividad de las placas y volcanes existentes que es canalizada por el hombre, en un paisaje increíble de fumarolas.

Por eso, ha sido muy interesante el encuentro que hemos tenido recientemente con el primer ministro sueco, en Wayra, que nos ha permitido presentarle nuestro dispositivo inteligente, el momit Smart thermostat para ahorrar hasta un 30 por ciento en el gasto. Esperamos haberle trasmitido la importancia de aplicar la tecnología a las cosas, mejorar la calidad de vida y respetar el medioambiente, con un objetivo claro: hacer más fácil el día a día a todas las personas porque, en general, seamos nórdicos o españoles, compartimos las mismas sensaciones: a ninguno de nosotros nos gusta el frío, al menos en nuestros hogares.