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¿Qué más da, amor, que no me quieras?

Yo ya te di mis soles, mis ríos y mis mares. 
Mis montes y valles.
Mi patria y mis poemas.

Ya te regalé mis días, mis noches, mil tazas de café, los puñados de polvo.

Ya te puse entre las manos
–amor–
mi inocencia,
mis muñecas,
mis pechos firmes.

Tienes mi ventana y mis canciones.
Las estrellas, con todos mis deseos.

¿Qué falta, pues, que te dé?

La lluvia de mi llanto, la voz que me queda, el peso del silencio.

Amor,

vete ya,

que nada es mío.