Equivalencia de intercambio literario
En una noche lluviosa mientras escuchas los relámpagos, calientas un café o un chocolate para después sentarte durante horas a leer reflexionas sobre cómo te acercaste a los libros. Eres una adulta ahora y en ocasiones te avergüenzas de las cosas que leías en especial cierta saga de vampiros. Sin embargo, en el fondo no te culpas por ello, sabes que todo fue parte de crecer, necesitas hacer memoria de los buenos y malos libros que influyeron en tu intercambio literario o en tu letra agrietada. Lo último que has leído ha sido Tess de Thomas Hardy, aprendes del dolor femenino, ahora tienes una charla con John Steinbeck acerca de la depresión del 29, y José Revueltas te enseña que el mundo religioso y el mexicano pueden combinarse. Gracias a eso te paseas por tu cuarto, preguntándote cómo concluiría la historia o si tal personaje moriría. Mientras te inspiras para crear este relato, escuchas la canción de Year of the cat de Al Stewart, la cual te canta su propia historia es hora de que tu cantes la tuya.

Estabas en casa o en la de la abuela en Chihuahua, querías un tiempo para ti misma, encerrarte en un cuarto a leer por horas. Querías más de ese intercambio, anhelabas el silencio. De niña no te gustaba mucho leer a menos que el libro tuviese ilustraciones. Preferías sentarte por horas frente al televisor a ver InuYasha o La liga de la justicia, tu madre te regañaba porque no leías. No le hacías caso, y toda la noche veías la caja idiota, a pesar de que tu casa estaba llena de libros que comenzaban a agrietarse. Entonces tu padre te regaló una colección de los hermanos Grimm con unas ilustraciones bellísimas, le pedías que te contara una cada noche. Él sonreía y con mucho gusto leía los cuentos, después comenzaste acercarte a los libros, intuías que leías. En navidad a tu hermano le regalaron un cuento de Horacio Quiroga, “Los tres cachorros de coati y los dos cachorros de hombre” antes que él despertara, bajaste al comedor, lo hojeaste y lo robaste. La primera vez fue una impresión perturbadora pero lo leías, lo releías una y otra vez. Hoy en día lo guardas en tu librero.
Los años pasaron, pasaste a secundaria donde la maestra te exhortó a que leyeras Momo de Michael Ende. Fue allí donde conociste a escritores como Mónica Lavín, Laura Esquivel, William Golding, V.C Andrews y Edgar Allan Poe, algunos escritores los atesoras, otros te preguntas si son realmente buenos. En una tarde viernes, que era la hora donde la maestra les decía a los alumnos que leyeran, la compañera que se sentaba a tu lado se excusó con la profesora porque no leyó la lectura asignada y en su lugar se entretuvo con una novela que era popular en el mercado. Observaste de reojo la portada negra donde estaban en primer plano un par de manos pálidas, caíste en la tentación, porque el título era llamativo: Crepúsculo, entonces lo lees y te obsesiona, igual que Harry Potter lo hizo en su momento. Tiempo después desprecias ese libro porque sentiste que perdiste tiempo y los personajes ahora se te hacían los peores. Lo dejas olvidado y cursas a la preparatoria tomas la clase con Beatriz Monsiváis, prima del afamado a escritor mexicano, ella te presenta a Ray Bradbury, Oscar Wilde, Jonathan Swift etc. Lees todos los libros del programa, no porque quieras exentar la materia sino porque los disfrutas decides que quieres seguir leyendo, descubriendo nuevos libros y autores para que te den un intercambio literario. Intentas leer El nombre de la rosa, Crimen y Castigo pero tu mente inmadura te lo impide, quisiste echarle vistazo a Hamlet pero no pudiste por lo mismo, pero estás orgullosa, porque terminaste de leer un libro complejo. En la actualidad, Crimen y Castigo y El nombre de la rosa, serán más fáciles de leer y se convertirán en tus nuevos amigos porque son maduros como tú.