María Claudia López: una mujer de pensamiento estructurado
Es perfeccionista y sabe ejecutar, esta arquitecta bogotana a sus 48 años, lleva la batuta de las agendas de cultura, recreación y deporte de la Alcaldía de Bogotá, la Secretaria del SDCRD se enorgullece al decir que se ha hecho a pulso. Es experta en patrimonio cultural, no puede vivir sin su café del medio día y detesta la impuntualidad.
Texto y retratos de: Mónica Barreneche Olivares.

Tensión y ritmo es el apodo que le puso la ministra de cultura Mariana Garcés. De punta en blanco, casual y práctica, llega a su oficina a las 7:50 a.m., lugar donde la espero para entrevistarla. López me recibe lista para arrancar el día en el despacho del segundo piso de la Casa de La Esquina Mayor, esa casa esquinera que tiene unos marcos azules rey y que cuenta con una vista privilegiada desde el balcón que da hacia la Plaza de Bolívar, una casa que ha sido testigo de momentos históricos como: el incendio de las Galerías Arrubla (1900) -hoy en día la sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá- y la toma del Palacio de Justicia (1985).
En su despacho, inusualmente cálido para una construcción colonial de más de 470 años. López descarga su cartera y una bolsa de tela en donde lleva en un ziploc un kiwi, un queso pera y un paquete de galletas, es estricta con la comida, los horarios y la ortografía. “Te ofrecieron algo? preguntó. Sí, un agua aromática, respondí. ¿Y te la trajeron?”, con esto buscaba cerciorarse que cumplieran con lo ofrecido, un gesto que revelaría una faceta clave de su carácter. Más tarde me confesaría que no tolera la incoherencia en las personas.
Ser consecuente es razón de peso para ser una de las cabezas de las 16 secretarias del gabinete distrital del segundo mandato del alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa.
Con un trayectoria de más de 20 años, López ha sido viceministra de cultura de Santos y Uribe, directora nacional del patrimonio cultural material e inmaterial de la nación, asesora de evaluación de proyectos de monumentos nacionales de Colcultura y desde hace un año y cuatro meses, es la secretaria de cultura de Bogotá.
Su trabajo le apasiona y lo disfruta, va a donde la inviten, no le da pereza, sin embargo aprovecha cada vez que puede zafarse para ir a ver a sus dos hijas y su esposo: un italiano nacionalizado con el que lleva ya 18 años.
Se siente a gusto y tiene porque, sentada en una pequeña sala de juntas frente a un óleo característico del artista bogotano Santiago Cárdenas, confiesa que su mayor orgullo es que se ha hecho sola. “No tengo patrones políticos. Mi trabajo habla por mí”.
Quienes han trabajado con ella la definen como una persona útil, eficiente y prudente. Cogerle el ritmo no es tarea fácil, es exigente y perfeccionista. “A María Claudia no se le pasa una, se lee todos los documentos que llevan su firma nos lo deja saber cuando los devuelve con correcciones ortográficas, ¡en rojo!”, cuenta Gerardo Polanía, quien ha colaborado en distintos proyectos con López, también fue su compañero del trabajo de grado de Arquitectura de la Universidad Javeriana. “La verdad nunca la imaginé en el sector público y es increíble ver cómo se ha podido mantener ahí, integra. En el futuro, yo la veo en una organización como la UNESCO”, concluye Polanía.

A López la incoherencia, y sí, la mala ortografía le ofenden, pero no la sacan de quicio, es una persona aparentemente tranquila y con sentido del humor, muerta de la risa. Por ejemplo, me cuenta que uno de los momentos más embarazosos de su vida fue cuando siendo viceministra de cultura, se puso un zapato de uno y uno de otro y dijo: “cuando me di cuenta no fui capaz de pararme del escritorio”. También me contó que sus arquitectos preferidos son Rogelio Salmona y Zaha Hadid, su edificio favorito es el Grand Palais de París y en Bogotá, es el Palacio de La Merced -una construcción de estilo neoclásico francés diseñada por Carlos José Lascano Berti en 1923- hoy en día funciona como la facultad de artes de la Universidad Distrital de Bogotá. “Me acuerda de mi época en París” recuerda López al referirse a los tres años que pasó de becaria de Colfuturo en el Centro de Estudios Superiores de Historia y de Conservación de Monumentos y la Escuela de Arquitectura de París-Belleville.

La arquitectura y el patrimonio cultural la han rodeado, estuvo pendiente de los detalles de la restauración del icónico Teatro Colón de Bogotá. De su infancia recuerda con detalle la vida de barrio “de esas que ya no se ven” dice López, en la casa del barrio Niza Antigua en donde vivió hasta los once años, declarado por el distrito de Bogotá como patrimonio cultural. Este barrio representa la arquitectura del movimiento moderno de la segunda mitad del siglo XX en Colombia.
El francés se lo debe al Colegio Helvetia de Bogotá, de donde se graduó, así como la inclinación por lo social y cultural. Cuando era adolescente, las visitas a la casa de su primo el arquitecto Héctor Uribe la marcaron. Él, hoy en día socio de la firma Escalar, era alumno de la facultad de arquitectura de la Universidad Javeriana, lo que naturalmente influyó -entre maquetas y planos- el acercamiento de López hacia la arquitectura, lo que posteriormente fue tomando forma en su cabeza hasta convertirse en arquitecta.
Aunque López se debatía entre la Biología y la Arquitectura, la noción temprana de realizar proyectos le ganó. En su paso por la Javeriana como alumna y la clase con el arquitecto Jaime Salcedo le sembró la idea de crear a partir de lo construido y en últimas fue un timonazo hacia la maestría en restauración.
“Desde niña, siempre fue muy disciplinada, sacaba buenas notas en todo, se entusiasmaba mucho con lo que hacía, era una nerd”. Comenta su hermana Liliana López. Algunos de estos rasgos todavía la acompañan y para ella, es por ese entusiasmo que le pone al trabajo, que la exposición y el estereotipo relacionado a la corrupción que le da ser un empleado público, le duele.

¿Quién es indispensable en su vida? “mis hijas”, ¿y en su trabajo? “nadie”. Siendo la cabeza de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, López asegura que si bien una de las cosas que más le gustan de esta Alcaldía es la noción permanente del trabajo en grupo, nunca pone todos sus huevos en una misma canasta. Al estar en la punta del organigrama de un despacho que abarca alrededor de 339 empleados directos y que supervisa programas y entidades como: el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (IDPC), el de Recreación y Deporte (IDRD), el de las Artes (Idartes), la fundación Gilberto Alzate Avendaño (Fuga), La Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) y Canal Capital, resulta inevitable depender de otros.
La artesanía, un buen café de origen y la música llanera son gustos adquiridos en los recorridos que ha realizado por el país como funcionaria pública. El tener obras de los autores Andrea Wulf, Svetlana Alexievich y Mo Yan en su mesa de noche y la costumbre de leer con Sara, su hija de nueve años antes de dormir, la delatan como una mujer de libros.
Esta segura que el pensamiento estructural que le dio el haber estudiado arquitectura ha sido una de las bases de su éxito profesional, “Cuando uno comprende la arquitectura se vuelve más sensible a entender modos de vida, desde lo estético y lo creativo, a entender el territorio”.
A las 8:59 a.m. está lista para recibir su siguiente cita, Juliana Restrepo, la directora actual de Idartes, la espera en una sala en donde Luz Bello, la secretaria de López, sincroniza la agenda con el reloj de pulsera plateado de López que le marca el día a día.
