Figuras de Tintín y Milou, Maxpixel

Lección de periodismo 1: No sigas a tus (súper)héroes.

Monica Cruz Rosas
Mar 18 · 6 min read

Para Astrid, mi heroina de carne y hueso con la que siempre tengo discusiones bizantinas como la que leerán a continuación.

Soy periodista gracias a Tintín. Comencé a leer sus aventuras a los 12 años y pronto descubrí que no había mejor vocación que la suya. El joven belga viajaba por el mundo con su perro, resolvía misterios mejor que la Interpol y recibía una ola de ovaciones y elogios por ello. Los días aburridos no existían en la vida del reportero prodigio cuya edad y sexualidad siempre fueron un tanto ambiguas, así como la calidad y/o constancia de sus reportajes.

No soy la primera en decirlo. Pocas veces se le ve a Tintín escribiendo un artículo. Por desgracia, esa es la menor de nuestras preocupaciones. Unos o varios años más tarde me percaté de su tendencia a la condescendencia eurocentrista. Si buscas “civilizar” a una comunidad congoleña o te burlas de las costumbres de una tribu de “pieles rojas” en Estados Unidos, es muy poco probable que tus artículos valgan la pena. La realidad es que a pesar de su buen corazón y mejores intenciones, Tintín es muy mal reportero.

Si tiene algún mérito en el mundo de la prensa es haber sido uno de los primeros héroes periodistas de los cómics. Directa o indirectamente (no soy experta en historietas), el amado personaje de Hergé abrió la puerta a la creación de otros héroes o superhéroes dedicados a esta profesión. Repito, no sé mucho del género, así que solo me vienen a la mente otros tres personajes: Clark Kent, Peter Parker y Spider Jerusalem.

Resulta conveniente que mi conocimiento en historietas es limitado porque los únicos cuatro héroes reporteros que conozco ejemplifican a la perfección lo que a mi parecer son los cuatro pecados capitales del periodista.

1. Tintín: Quiero la atención.

Nunca lo dijo abiertamente, pero las acciones dicen más que mil palabras. A Tintín le gustan los reflectores. Siempre aprovechaba cualquier oportunidad para involucrarse en la historia que debía cubrir. Nunca se avergonzaba de recibir todo el reconocimiento por salvar el día en lugar de hacer su trabajo. Habría que preguntarse por qué le gustaba tanto el protagonismo.

Sí, hay muchos grandes cronistas y reporteros que han escrito artículos en primera persona, pero hay una gran diferencia entre participar en la historia que escribes y protagonizarla a tal grado que todos las demás personas involucradas pasan a un segundo plano.

Es casi una regla de oro, salvo excepciones extremadamente raras, que la vida y perspectiva de los personajes con los que convive y habla el periodista son un millón de veces más ilustrativas, educativas e interesantes que aquellas del autor.

El periodismo, como cualquier otra profesión, podrá servir para que aquellos que lo ejercen aprendan sobre sí mismos, crezcan como personas, resuelvan ciertos dilemas y compensen ciertas carencias personales, pero ese no es el objetivo último. El periodismo busca informar al público, no servir de terapia para mentes y almas atormentadas. Para eso está…la terapia.

2. Clark Kent: Quiero salvar el mundo.

Me ahorraré el chiste sobre lo ridículo del disfraz de Supermán. De nada.

A diferencia de otros superhéroes, el lado humano de Supermán es en realidad su alter ego. Clark Kent es el disfraz. Aunque parezca algo muy específico del personaje, he conocido a muchos periodistas que siguen una filosofía similar. “El periodismo es un instrumento, una herramienta para lograr la justicia”. “Yo, desde mi trinchera, busco hacer de este mundo un lugar mejor”.

Por muy loable que parezca, este mantra es peligroso. Las definiciones de justicia y un mundo mejor son extremadamente personales y por lo tanto, sesgadas. Un periodista puede creer en el respeto a los derechos humanos, la procuración de justicia y el combate a la corrupción, pero no tiene la responsabilidad, mucho menos la capacidad, de lograr ninguna de las tres cosas. Por otro lado, resulta injusto exigirle a los periodistas un cambio social y político a partir de sus investigaciones o reportajes. Eso depende de la sociedad y/o los políticos.

También resulta injusto que el periodista sirva de vocero de una causa cuando, volvemos al punto inicial, son los protagonistas de esa historia los que deberían ser escuchados. En la era digital no es necesario que el periodista sirva de intermediario. La misión de los reporteros es contar las historias de estos activistas, presos políticos, luchadores sociales, exiliados y otras personas que defienden sus derechos y los de otros, no abogar por ellos. Si lo tuyo es el activismo, sé activista, no periodista.

3. Peter Parker: Quiero el dinero.

Paciencia, fans de Spider-man. Seguro me reclamarán por mencionar esta peccata minuta de su superhéroe favorito. Lo hago para presentar un argumento, no para criticar al personaje.

Peter Parker trabaja como fotoperiodista para el Daily Bugle, un trabajo, por cierto, muy mal pagado (cualquier semejanza con la realidad NO es mera coincidencia). Para lograr un ingreso extra, a Peter se le ocurre la grandiosa idea de tomar fotos de él mismo, como Spider-man, para vendérselas al periódico a cambio de cuotas premium.

Si quieren saber más sobre cómo le hacía para tomarse selfis mientras se columpiaba por los rascacielos de Nueva York, impulsado con telas de araña, lean estos dos foros: 1, 2.

No vamos a entrar en una discusión sobre ética periodística. Lo importante aquí es que el objetivo primordial de Peter Parker era obtener una lana. Eso nunca es bueno. El periodismo siempre aparece en las listas de trabajos peor remunerados, así que no nos debe sorprender que los reporteros tomen medidas drásticas de vez en cuando para pagar las cuentas. Los problemas comienzan cuando esas medidas van completamente en contra de los principios de la profesión.

Ojo, no estoy diciendo que Peter Parker sea chayotero*, pero su motivación nunca lleva a un buen camino. Todos tenemos que comer, pero el informar debe ser el principal motor y cuando informar se vuelve insostenible lo mejor es desistir antes de caer en el lado oscuro.

Sigo un mantra un tanto controversial, la versión disléxica de la famosa frase de Carlos Hank González**: un periodista rico es un pobre periodista, especialmente en México.

4. Spider Jerusalem: Quiero la verdad.

Transmetropolitan, mi cómic favorito de todos los tiempos, es una lectura obligada para cualquier aspirante a periodista. La obra maestra de Vértigo sigue el ocaso de la vida y carrera de Spider Jerusalem, un reportero de política sin escrúpulos que busca derrumbar a un gobierno corrupto en una distopia neopunk futurista.

El personaje está basado en Hunter Thompson, el legendario cronista de la Rolling Stone. Y como él, Jerusalem escribe lo que ve, lo que siente, lo que piensa sin ningún tapujo o temor a represalias. De hecho, se regocija cuando recibe una golpiza tras publicar uno de sus artículos. Sabe que lo escribe incomoda y lo que incomoda es lo único que vale la pena escribir. El reportero veterano no busca la fama, la fortuna, la resolución de sus traumas de la infancia. Lo que anhela es descubrir la Verdad, con V mayúscula.

¿Qué es la Verdad? Es la realidad absoluta e indiscutible, el dato duro, el hecho tal cual y como es, como sucedió. Cuando se alcanza la Verdad, la discusión se acaba, todo lo que resta es actuar a partir de ella. Lo malo es que no hay evidencia de que esta Verdad exista, mucho menos en un lugar complejo como el planeta Tierra. Todo es relativo. Eso no quiere decir que no existan los datos verificables, pero esos solo brindan una porción de la Verdad. Nos acerca a ella, mas nunca la obtenemos.

Pensarnos capaces de encontrar la verdad absoluta nos vuelve increíblemente arrogantes. A lo largo de esa inútil búsqueda, el camino se llena de puntos ciegos que pueden terminar en vidas o mentes desperdiciadas o peor aún, en el deterioro de esas mentes. A nadie le sirve un periodista loco. Desgraciadamente, poco se habla de esto en el gremio de las consecuencias de obsesionarse con una historia, de dedicar tus mejores años a completar un rompecabezas cuyas piezas tal vez ni siquiera existen.

¿Cuál es la moraleja? ¿No leas cómics? ¿No seas periodista? Muy por el contrario. Recomiendo mucho leer las aventuras de estos cuatro personajes e inspirarse en su valentía y compromiso con el mundo. Pero hay que recordar que los periodistas rara vez son héroes y los pocos que sí los son se cuentan con los dedos de una mano. Es mejor reconocer, desde nuestros primeros años en una redacción, que nuestras capacidades son limitadas y que nuestras vidas y nuestras ideas no son tan interesantes como nosotros creemos. La humildad es nuestro único súper poder, bueno ese y poder comer, dictar una nota y conducir un auto en manual por el segundo piso del Periférico*** al mismo tiempo.

*del término coloquial chayote: un soborno a un periodista.

**político mexicano de antaño a quien se le atribuye la frase: “Un político pobre es un pobre político”.

***distribuidor vial en la Ciudad de México, no apto para automovilistas amateurs.