Aprender a perder

Desde que somos chicos nos preparan para tener éxito, para ser ganadores, para llegar siempre primeros o al menos entre los primeros. Claro, siempre nos dicen que lo importante es “jugar” y no el resultado, pero en realidad, todos sabemos que los que ganan la pasan mejor. Todos queremos estar ahí, en esos primeros puestos. Y gran parte de eso tiene que ver con lo que asociamos, con lo que nos enseñaron. Pero que hay detrás de las derrotas, qué pasa cuando no ganamos. Es tan malo o realmente al ser un poco tabú (si, nadie habla de perder) lo enterramos, lo vamos empujando para que quede hacia el fondo y nos olvidamos de aprovechar todo lo bueno que nos puede dejar ese resultado.
Yo estoy convencida de que cuando somos niños nos tienen que dar un poco más de permiso para perder, para equivocarnos, para cometer errores. Tiene que estar bien ganar pero también tiene que haber un acompañamiento en la derrota y en el fracaso. Por poner un ejemplo sencillo, un niño que nunca sacó una mala nota, que no desaprobó un examen, que no lidió con los puntos menos de una tarea no entregada, ¿cómo aprende a manejar y a reaccionar frente a fracasos mayores al crecer? Queremos que aprenda cuando es adulto, en vez de que aprenda durante su desarrollo. No parece práctico, ¿no?
Crecemos con miedo al fracaso. Con miedo a perder y con miedo a no poder. Cuando en realidad, tenemos que crecer sabiendo, siendo conscientes de que vamos a hacer muchas veces las cosas mal, vamos a tomar decisiones equivocadas, vamos a creer en un plan ideal y por el camino vamos a darnos cuenta de que no es correcto. Y eso no significa que lo hicimos todo mal, ¡para nada! Implica nada más que crecimiento, autoconocimiento, madurez.
“La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”. José Saramago.
Si no aprendemos a valorar las derrotas y los fracasos, estamos dejando de lado información esencial para poder crecer, para ser mejores, para lograr nuestras metas y cumplir nuestros sueños. Pero sobre todo, para creer en nosotros mismos. Porque el efecto más duro de un fracaso, es sobre nuestra autoestima, mina nuestra confianza, nos hace sentir débiles, expuestos, cuando en realidad el foco debe estar en lo fuerte que fuimos para intentarlo, y si tomamos una mala decisión, lo poderoso que fue nuestro sueño para intentarlo aún a pesar de todo.
Mi meta en esta etapa es superar los miles de fracasos que ya tuve en mi objetivo de ser flaca. Lo intenté más veces de las que puedo recordar y fracasé todas. Aunque haya logrado descender, nunca logré mantener. Si me dejo ganar por esas derrotas que se sucedieron una y otra vez, desde que tengo conciencia, ¿qué me estoy diciendo? ¿Qué mensaje me estoy dando? Que no puedo. No es cierto, yo sé que puedo, mil veces pude, por qué no podría una vez más. Que no creo en mí. Y yo sé que puedo, sé que puedo lograr casi cualquier cosa que me proponga (creo que no podría tirarme de un paracaídas, pero quien sabe… capaz si de eso dependiera mi vida, quizás también pueda). Y tuve que aprender que todas esas derrotas significaron también que los demás dejaron de creer en mí para este objetivo. Y eso es algo que tuve que superar también. El camino es más difícil cuando el público a los costados te mira como esperando el momento en que vas a caer. Pero yo aprendí a nutrir mi fuerza de esa condición. Entiendo por qué no me creen, me lo gané, pero yo sí me creo. Y esta vez no me voy a fallar. Porque si caigo, me levantaré todas las veces necesarias para cumplir mi sueño, mi objetivo, mi meta.
Cuando analizamos un negocio, para ver las estrategias que debemos aplicar, uno de los puntos de partida es un análisis de las debilidades y fortalezas. ¿Por qué nos negamos a hacer esto con nosotros mismos? Tenemos tan embutido el concepto de que sólo lo bueno es bueno, que nos negamos a aceptar que reconocer lo que tenemos que mejorar, es bueno. Es el inicio de la mejora. Nadie “somos” perfectos. Ni el que te juzga, ni el que critica, ni el que te apoya, ni vos, ni yo. Todos tenemos algo por mejorar, un objetivo por cumplir, algo que no nos sale así nomas. No perdamos la confianza, porque es lo único que puede llevarnos a cruzar la meta. Que el de al lado crea en mí, es colateral, es algo que se irá incorporando indefectiblemente. Que yo crea en mí es el inicio del cambio, ese es el verdadero primer paso.
Aceptar nuestra capacidad de equivocarnos y de cometer errores no nos vuelve mediocres. Al contrario. Nos reconcilia con nuestra condición de humanos, que tenemos la posibilidad de cambiar, mejorar y aprender hasta el último día de nuestras vidas.
Necesitamos enseñar a los niños (y aprender nosotros) que todos los seres humanos tenemos la capacidad de superar cualquier derrota. Que está bien que no nos guste perder, pero que a veces al salir segundos ganamos más que saliendo primeros. Que fallar es parte de esta vida, y que aprender a convivir con la capacidad de cometer errores y rectificarlos, nos hace más felices, más capaces de tener la vida que queremos. Tenemos que aprender a perder.