El poder que otorgo

Cuando hablamos de poder, lo primero que me viene a la mente es el poder que otros tienen, puede ser político, económico o sobre otras personas. Pero pocas veces o casi nunca me puse a pensar en el poder que YO le doy a ciertas acciones, conductas, objetos. En mi caso, que estoy entrenando para ser flaca (y no hablo de entrenamiento físico, sino mental) yo le doy un poder desmesurado a la comida, al acto de comer. No solo le doy poder a secas, le doy súper poderes. ¿Acaso la comida va a ser capaz de: hacerme feliz, calmarme, acompañarme, alegrarme, revertir frustraciones, darme paz, diversión, amistad, amor? No. Así de simple. No. ¿Qué me da? Rechazo, limitaciones, frustraciones, complejos, miedos, angustia, y puedo seguir buscando sinónimos negativos y sin dudas lleno la página.

Siguiendo esta línea de pensamiento, es fácil identificar que lo mismo que yo hago con la comida, otras personas (y yo también) hacen con otros “objetos o focos”. Por ejemplo -estoy segura de que van a identificar algunos de estos casos- hay gente que le da un poder increíble a la mala onda y al malhumor. Sus vidas se rigen por estar eternamente disconformes y tienen como misión propia pintar de gris el día de cada persona que tenga la poca suerte de estar bajo su radio de acción. Estas personas nunca probaron el poder de una sonrisa, de una palabra amable, el regalo de motivar a otros y la sensación indescriptible de felicidad que podés sentir haciendo bien. Si te ves en este grupo, salí ahora. Ya. No dudes. La llave de la salida es solo una sonrisa. Tímida al principio pero que con práctica llega a carcajada.

Hay gente que le da poder al pasado. Quedan enroscados en cosas malas que fueron parte de su vida y no logran soltar y dejar ir. Al leerlo, parece tan tonto. ¿Por qué negarnos un presente y futuro felices por quedarnos encadenados al pasado? Se entrena, aprender a soltar. Si hoy no puedo lidiar con eso, lo encierro en una cajita bajo llave y no busco solucionarlo pero tampoco le permito que arruine mi hoy y mi mañana. Ya llegará el momento en que tendré la paz suficiente para abrir esa cajita y mirar su contenido con otros ojos, resolver lo que deba y seguir. Hay que cortar, soltar, dejar ir.

Siempre es difícil soltar ataduras mentales, pero se puede, yo puedo y vos podés.

Hay hombres que le dan poder a una mujer y mujeres que le dan poder a un hombre. Empoderan una relación tóxica. Otras personas le dan poder a alguna condición de víctima. No pueden salir de una situación o mejorar porque son pobres, son madres solteras, porque son huérfanos, porque el papá les abandonó (o la mamá que se ve menos, pero se ve). Porque quedaron en bancarrota y tuvieron que empezar de cero, porque tuvieron padres con limitaciones al criarlos, infinito incontable. Y esas condiciones ¿son realmente relevantes? Única y exclusivamente si yo se lo permito. Si le doy el poder de determinar el curso de mi vida.

Podríamos decir que un principio básico para salir de este modelo de súper empoderar a algo en nuestras vidas, sería dejar de buscar culpabilidades afuera y empezar a asumir nuestro propio rol y nuestro propio poder de cambiar. Empoderar(nos) en vez de empoderar(le).

“Yo no deseo que las mujeres tengan el poder sobre los hombres, si no sobre ellas mismas.” Mary Woll Stonecraft

Sabias palabras, Mary. Habla solo de una problemática, pero cambiá la palabra hombres por eso que tenés que trabajar y aplica para lo que quieras. Yo, hoy decido sacarle poder a la comida. Si voy a una reunión, la comida no es el centro, el objetivo es la reunión, las anécdotas, las risas con los amigos o la familia, las confidencias que intercambiamos, las relaciones que construimos. La comida está ahí solo para ser el combustible del cuerpo, no la razón y eje de las reuniones. Hoy prefiero darle poder a una caminata, a una actividad diferente como salir a recorrer la ciudad para mirar graffitis, darle poder a escribir que me ayuda tanto, a ayudar a otros que me hace muy feliz.

Finalmente te invito a que identifiques a qué le estás dando poder en tu vida y decidas si te hace feliz o no. Si no, es el momento de replantearte cuánto tiempo más querés estar en ese lugar, y una vez que lo sepas, empezá a entrenar.

“Todo poder humano se forma de paciencia y de tiempo.” Ralph Waldo Emerson

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