Todos queremos ser felices

No sé. Para mí esa es una verdad a medias. Yo conozco personas que no intentan ser felices. Que ponen su esfuerzo en generar amargura, rechazo, provocar conflictos, separar. También conozco a personas que esperan que la felicidad llueva sobre ellas, que caiga del cielo, como si nada tuviéramos que ver en ser felices.

Yo creo que la felicidad es una consecuencia, es una búsqueda, es algo que generamos y que tenemos que ser capaces de disfrutar. Si siempre estás esperando que llegue el día en que serás feliz, siento decirte, que te estás perdiendo lo mejor de la vida ahora. No hay una parada con el nombre Felicidad después de aquella curva o de esta subida. Está a los costados de todo el camino, ese mismo camino que vas construyendo con cada decisión que tomás, con cada persona que decidís que forme parte de tu recorrido, con cada problema que resolvés y cada acto de generosidad auténtico que hacés (por vos y por los demás).

Yo decidí que para ser feliz necesito cumplir con mis obligaciones (me genera muchísimo pesar el no hacerlo), disfrutar de un tiempo a la semana para mí solita sin sentirme egoísta ni que le fallo a nadie, poder decir que NO (¡cuánto nos cuesta y es tan sano!), generar espacios para compartir auténticamente con la gente que quiero. Me detengo un minuto en la palabra auténticamente, porque es clave en esta fórmula. Cuando realmente disfruto un momento, un lugar, una persona, una actividad, cuando mi sonrisa es sincera, cuando el sentimiento fluye sin esfuerzo, se nota. Y ese momento se convierte en algo memorable aunque solo sea caminar en silencio al lado de otra persona. Por eso yo creo que hay que ser muy capaz de asumir que no todos disfrutamos de lo mismo y que eso está bien (en serio, basta de culparnos tanto y por todo, es demasiada carga), elijamos ese punto en común dentro de nuestras diferencias y ¡a disfrutarlo! Estoy segura de que al menos el 50% de los roces, problemas de relacionamiento, hartazgos y poca paciencia se resuelven con este sencillo paso. En todos los niveles, con tus hijos, con tu pareja, con tus amigos, con tus padres. Se trata de encontrar ese punto donde coincidimos y disfrutamos de verdad, donde somos felices sin esfuerzo. Eso ya nos carga de fuerzas para tolerar, entender, disculpar y viceversa, para vivir en armonía el resto de lo cotidiano.

Siempre me fijo en los niños. Ellos quieren “diferente” a las personas que realmente disfrutan con ellos alguna actividad, tienen sensores para detectar esa autenticidad de la que hablábamos antes, por eso yo soy una defensora de que el tiempo que uno pasa con ellos tiene que ser de calidad, no tanto cantidad. Es mejor jugar media hora de verdad concentrados y enfocados con ellos, que estar 12 horas presentes pero ausentes mentalmente, no sé si logro explicarme. Esa media hora real, marca la diferencia, deja huella. Claro, hay que estar también 12 horas y más, no digo que no, pero dentro de todo ese tiempo, una media horita tiene que ser feliz para ambos en simultáneo. Se siente diferente, construye una relación de otro nivel.

Y para terminar, vuelvo al inicio. No siempre podemos elegir de quien nos rodeamos, es una utopía. No podemos elegir al compañerito de grado que se sentaba atrás y hacía de estirar el pelo a las nenas su actividad principal (Matías, te quiero, ¡pero cuánto me hiciste sufir!), no podemos elegir a un cliente (la mayoría de las veces, hay excepciones, pero negocio es negocio), no podemos elegir a cada profe de nuestros hijos, ni a la vecina chismosa o que estaciona mal, tenemos que saber que vamos a necesitar desarrollar escudos protectores y mucha, muchísima tolerancia. Pero lo que sí podemos hacer es entrenarnos 24/7 para que el escudo invisible sea fuerte y no deje que estos actores saboteen nuestra felicidad, ese es un permiso que nosotros damos. Si vos le abrís la puerta a que te afecte, chau. Sonaste.

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamín Franklin

Te invito a que tengas pensamientos positivos, a que te rías de verdad al menos una vez por día, a que pruebes desarmar la amargura del de enfrente con una sonrisa aunque no se la merezca, a que te llenes de buen amor para que el escudo que te proteje nunca se debilite. Ser feliz es una elección y una tarea de todos los días. No vas a ser feliz recién mañana, podés empezar hoy. Solo depende de vos.