Carta de despedida, puerta abierta

Querida A.,

Gracias. Por estar ahí, por confiar en mi… Has sido la mano eternamente tendida que necesitaba un alma inquieta como la mía. Has curado traumas y cerrado heridas, has soportado idioteces y exigido más cuando sabías que podía darlo.

Odio las despedidas, igual que tú. Sabemos que no es un adiós para siempre, que nos volveremos a ver. Pero ya nunca como ahora. No sé si eso es bueno o malo, es lo que hay. Tenerte más cerca este año ha sido una bendición y un descanso. Gracias por tu puerta siempre abierta.

Verte llorar antes de partir fue… otra ayuda, como tantas que me has prestado. Te he visto agotada, a punto de morir de sueño, hambrienta, casi con pájara con la bici a cuestas (qué gafe eres con la bici, siempre te pasaba algo)… pero siempre fuerte, sacando adelante lo que hubiera que sacar, fuera un plan o un libro que había que entregar a la imprenta. Siempre aguantando, te admiro. Verte llorar fue confirmar que eres humana y que tienes uno de los corazones más grandes que jamás he conocido. Verte llorar fue ver tu pena y saber que era compartida y acompañada.

Me has llamado de todo, lerda, adolescente, joya… siempre has tenido la palabra oportuna en el momento oportuno. Siempre has tenido tiempo para escuchar lo que yo tuviera que decir. Aunque eso supusiera llegar tarde… cuantas veces he tenido que salir corriendo porque había pasado la hora hablando contigo. Porque sabes escuchar. Gran talento.

Quiero tu capacidad de estar y tu despeje mental, tu implicación y tu locura. El saber hacer el ganso, sin control, para que los demás rieran. Cómo dijo María, después de un baile tuyo con una silla, mientras llorábamos de risa, deberías haber sido cómica.

Periodista desde lo más hondo del corazón, lectora veloz y voraz, con los ojos entornados porque no llevabas las gafas y veías a medias… Y tus sempiternas gafas de sol… Cuando pienso en ti, en etéreo, vas conduciendo en tu coche, que es tu territorio, con tus gafas de sol, que son tu identidad.

¿Te acuerdas ese día en el que por fin conseguimos jugar al pádel? Mi hernia y la operación lo retrasaron todo pero lo conseguimos. Con A. y M., que se reían de tus gracias. Qué raro.

Tu risa, A., tu risa… Qué contagio, madre mía.

Te has metido con mis zumos de naranja hasta la saciedad, pero cuando fuiste a Valencia me trajiste naranjas, qué detallazo. Vaya zumos de vaso largo nos tomamos, en uno de esos desayunos de los viernes. Qué míticos, cómo los voy a echar de menos. Y M. y C. con nosotras… aunque no quisieron zumo.

Te has metido con muchas cosas… con la manzanilla que me tomo como antiinflamatorio y que te has acabado tomando tú también porque tu estómago no aguantaba más ibuprofenos. Te traje salvia de Israel… y tu acabaste comprando albahaca porque espanta a los mosquitos, con lo que confirmaste que te habías unido al mundo de los remedios naturales. Lo que M. llama mi momento Panoramix.

Siempre que cene sopa me acordaré de ti y tu cara de felicidad cuando te la traían. Sólo he conocido portugueses a los que les guste tanto la sopa. Qué mal comes, A., y qué bien cocinas. Qué mítica también la paella que nos hiciste en casa de los G. para celebrar tu cumple. Acabamos en la cocina escuchando la historia de tu vida, todas boquiabiertas. Ese talento de narrar historias que parece que ha muerto con la radio, la televisión, internet… y tú tuviste a una audiencia de unas quince personas atentas durante más de tres horas. Talento, hija, talento que tienes. Tus frases cortadas que hacían fruncir el ceño porque no siempre entendíamos, que nos hacían querer seguir escuchando. Tres horas, A., o no sé cuántas, en las que nos abriste tu alma y pudimos conocerte un poquito mejor.

Avísame cuando montes tu empresa, que lo harás, no tengo duda. Una periodista que sobrevive en el mundo de la prensa en papel y escribe libros a altas horas de la madrugada… montarás lo que te dé la gana, y además lo harás bien.

Gracias por este año, y que se repita.

Cuidate.

Un beso,

B.

PD: Te debo un sorbete de naranja, piña y mango, no te creas que me he olvidado.