Cuando les sobrines crecen o la tristeza de una tía
Valeria me escribió para pedirme que ya no le regalara libros: “no me gusta leer, tía”. Y así, pude sentir el momento exacto en el que se rompió mi corazón en más de un sentido.

Primero, no soy defensora total de la literatura. Mi relación con ésta ha cambiado a un color grisáceo que, como todo, tiene que ver más con la institucionalización de la literatura y con las personas involucradas en los procesos de ésta, que con la lectura misma.
Sin embargo, creo en el poder de sanación y destrucción de las historias. No podría haberme construido sin éstas: leer me ha roto y me vuelto armar. Después de que falleció mi hermano, leí como loca. Esos primeros años fueron de acumulación lectora: más de trescientos libros.
Después, conforme llegó la “aceptación”, mis hábitos lectores disminuyeron.
El primer regalo que le di a Valeria fue un libro. Era el baby shower de mi hermana, mi sobrina ni siquiera estaba en el mundo y ya era poseedora de una edición especial de los cuentos de los hermanos Grimm. Mi hermana la guardó para cuando “fuera grande”.
Mi sueño era enseñarle a leer. Leerle en voz alta, hacer voces, y que cuando tuviera la edad suficiente leyéramos juntas Harry Potter. Hubo una época donde casi lo logro: mis sobrinas vivieron dos años conmigo, les leía a Isol, Dr. Seuss, Anthony Brown y a Satoshi Kitamura.
Su libro favorito era “El Lórax”. Lo quería tanto que, cuando la llevé al estreno de la película, gritó: “¡Tía, tía, es el lórax!” y todos los niños a su alrededor empezaron a decir “¡Mamá, el lórax!”. Me enorgullecí cual pavo real.
Una de las cosas más difíciles que hice al mudarme a la CDMX fue dejar a mi sobrina. Sabía que, al menos en mi casa, nadie más le leería. Traté de hacerlo cada que regresaba, la inundé de libros pero, con visitas esporádicas, no fue suficiente.
Todo este rant no es sólo porque ya no le guste leer. Mi rant es porque está creciendo y cada vez más se acerca el fatídico día donde las tías y las sobrinas toman caminos separados porque las sobrinas se dan cuenta que las tías no son cool.
Chale.
