Interrumpir procesos
Hace un par de días salí de fiesta con una amiga. La mezcla del alcohol, el baile y unos extraños acontecimientos de días previos provocaron que le escribiera a mi ex novio.
Había estado bien durante un mes y medio. Un mes sin escribirle, llamarle o intentar regresar con él. Sin embargo, muchos factores influyeron para que mi voluntad se debilitara y le escribiera las fatídicas palabras “te extraño”.

Tardó 12 horas en contestarme. Estoy segura que vio el mensaje y trató de no abrir Whats App hasta que, por alguna razón, tuvo que hacerlo. Contestó: “hay días en los que también te extraño”.
Lo que siguió fue una conversación curiosa donde traté de encontrar huellas de algo. A pesar de haber estado juntos durante un año, viví con incertidumbre y ansiedad la mayor parte de nuestra relación. Ese último diálogo que sostuvimos vía electrónica no ayudó a disminuir mis inseguridades, sólo las disparó más.
Sin embargo, por alguna alocada razón, propuse que nos viéramos. Me contestó que no podía, no estaba listo. Eso me hizo pensar en cómo afectamos al Otre en nuestro proceso de sanación.
Cuando se termina una relación, se crea un camino que hay que recorrer para sanar. Este camino es duro y en ocasiones preferimos regresar con el Otre antes de enfrentarnos al dolor, al miedo y a la angustia de continuar sin tomar en cuenta en qué momento está.
Cuando mi ex me dijo que no me vería, me di cuenta que estaba haciéndole lo que me habían hecho parejas anteriores: buscarme por soledad. Sólo regresé con uno de ellos y las cosas acabaron mal. Él se sentía solo y deseaba momentos de la relación, pero las cosas que nos habían hecho terminar seguían ahí.
¿Es justo buscar a alguien sólo porque tenemos miedo? La respuesta siempre es no. ¿Es difícil dejar de hacerlo? Puede que sí, pero hay que prometerse cosas y cumplirlas. En mi caso, apagar el celular de ser necesario; tal vez desinstalar Whats App; amarrarme bien amarrada y repetirme que, a pesar de quererlo mucho, ya no debo lastimarlo apareciéndome en su vida de la nada.
