
CERO — cuando ya no quedan líderes
(Escrito originalmente en opinyon.es)
Reflexiones crudas sobre la situación actual de liderazgo social.
Voy a empezar por la base, siempre me ha gustado construir cosas desde la simplicidad, pues considero que algo sólido (que no rígido) puede ser el perfecto pilar para levantar interesantes y logradas reflexiones. No se si será mi caso, pero por lo menos no quiero pecar en la metodología.
En segundo lugar, quiero agradecerte que leas esto, seas quien seas, e incluso que hayas llegado hasta aquí. También te quiero decir que no espero que te guste. Ni quiero que te enamores de mis líneas, me basta con conseguir que utilices tu cerebro para algo más que sobrevivir como ser humano. Aunque ese no es mi objetivo principal.
Escribo estas reflexiones porque me ayudan a ordenar las cosas que pienso. Creo que más tarde trataré de plantear una nueva función, pero todavía es pronto.
Desde que recuerdo mis pensamientos y reflexiones personales, siempre he considerado que la raza humana la constituyen dos grupos de personas. Un primer grupo de personas que viven sus vidas llevadas por una especie de inercia. Como por ejemplo, el típico amigo que quiere ser funcionario para no tener que preocuparse de su estabilidad laboral y mantener en standby uno de los compartimentos más importantes de su cerebro. Y otro grupo de personas que en lugar de limitarse a vivir la vida, tratan de coger al demonio de la incertidumbre por los cuernos y cabalgar en un rumbo como si se tratase de una aventura.
Es más, respeto los dos grupos, tanto los que son “clavos” como los que son “martillos”. Sin embargo, como esto va de liderazgo, voy a apartar al primer grupo para ir aterrizando mis ideas con el segundo. Y he aquí mi primera pre-conclusión: Los líderes son seres vivos, humanos, cuya mentalidad reside en una especie de iniciativa propulsada por una personalidad activa. No es que lo sepa por ciencia infusa, se extrae de la observación y el maravilloso sentido común.
Incluso si te fijas, es hasta dicotómico, para que haya un líder tiene que haber un grupo de seres de la inercia que sean liderados. Es la condición humana, biología del más fuerte o pasividad frente a actividad. Por lo tanto, podemos aterrizar en un contexto de seres vivos líderes y liderados.
Teorías aparte, parece necesario entender esas características, y como yo de biología se más bien poco, he preferido analizar la parte conductual desde la observación y reflexión circunstancial (ya te dije que no te iba a gustar…).
Recuerdo cuando era pequeño y me relacionaba con otros en el colegio, la facilidad que teníamos algunos para levantar la voz y proponer planes de juegos y la facilidad que tenían otros, como mi amigo Roberto, para asentir y hacerlo. Era sencillo, nadie preguntaba ni lo cuestionaba, éramos un grupo de prepúberes cuyo organismo necesitaba actividad física a toda costa como un yonki necesita una papelina.
Uno decía, “vamos a jugar al fútbol” y a menos que la mayoría de los demás no quisiera, se hacía y punto. Benditos niños y sus actos biológicamente voluntarios. Mejor en este punto concreto me limito a observar y subrayar que el liderazgo es una situación de aleatoriedad verbal impulsada por la iniciativa y no una condición de la personalidad infantil, ¿podríamos atrevernos a decir entonces que la iniciativa en un menor es un indicio sobre un tipo de personalidad? ¿se distingue a un líder desde que es un niño? ¿y si hay hombres que realmente son como niños? Maravillosa pregunta, ¿verdad?… de momento no lo sé, lo que sí que sé es que soy yo quien ahora ha decidido que se va a jugar al fútbol y que basta ya de hablar de niños.