El mundo onírico de TETÉ

En el mundo de los sueños de Teté nada tiene relación con su vida real Su mundo onírico diríase que tiene vida propia y marcha a otro ritmo y cadencia distinta muy diferente a la de su vida real.

En sus sueños hay ambientes muy húmedos con playas infinitas, blancas y azules con palmeras y hamacas de hilos dorados vacias , mañana serán ambientes muy secos y más palmeras, con luz que le ciega y que le atraviesa y lo eleva, siempre moviéndose sin peso, sin edad, casi sin forma ni materia. No hay olor, nunca hay un olor para referenciarse para anclarse a algo fijo, solo el color cambiante irreal y frágil del paisaje que su mente construye y que se transforma sin un orden ni secuencia y el observa todo lo observa y se mueve por su otro mundo con agilidad, sin miedos sin sentirse ni olerse. después vendrá el acto voluntario, reflexivo, el tratar de encontrar una lógica que explique lo inmaterial, lo no tangible y la ausencia de tiempo. Siempre el tiempo. El tiempo que todo lo vuelve real e imparable.

Cuando sueña consigo mismo, como espectador no hay relación alguna entre la imagen que observa en su sueño de sí mismo con la real de cuando despierta y reflexiona. Las diferencias son sutiles, sencillas y evidentes. Cuando ve su reflejo en el espejo por las mañanas recuerda que en su otro mundo él no se hace mayor, él no tiene dolor y cosas tan bobas como el poder dormir en cualquier tipo de superficie por muy dura que esta sea es posible. No importa el tiempo. No importa el frio o el calor solo importan cosas como el miedo, el vacío o felicidad.

Se levanta, se ducha, viste y desayuna, siempre en este orden sin variación en él tiempo usado. Ducha con el agua lo más fría posible comenzando por los pies e ir subiendo poco a poco. Es cuando el agua corre por su cara y no antes, cuando puede evocar con esfuerzo, pero ya sin dolor alguno las imágenes oníricas de la noche anterior, visionando su sueño como una película que transita del blanco y negro al color, color de cine de verano de la década de los ochenta y todo lo ve cada vez con más claridad, fotogramas de otro personaje que no es el sí mira su reloj de pulsera, que es el cuándo por las noches cierra sus ojos.

Todas estas cosas le hacen reflexionar cuando está despierto sobre lo bello e irreal por inalcanzable de su otro mundo, el de los sueños. Hace tiempo que lo acepta y que ya no desea. No hay tensiones. No hay conflictos. La belleza es también verdad, eso se dice.

Pintura de Laura Casas García - Girona 1974-

@montejucar