Fui a un mitin de Vox y lo que pasó después no te sorprenderá

Es sábado. Y parece uno más: al tardío despertar le acompaña un iracundo olor a aguardiente. La resaca también sigue como fiel compañera. Otro fin de semana en el que un Huesca-Getafe se cotiza como el plan más fructuoso. Pero, un momento, abro la ventana y el olor a ron se diluye en una extraña fragancia. Menos mal que tengo una nariz pronunciada que me permite identificar el aroma: huele a azufre. Aquí huele a azufre, que diría el comandante.

Llevo sin estos retortijones desde la visita de la Troika a Bilbao, qué tiempos aquellos en los que nos llenaba levantar el puño. En fin, al menos soy periodista y las más valiosas fuentes de información están en mis manos. Abro Twitter. “Fachas Bilbao”, buscar en Twitter. Bingo, a la primera, Santiago Abascal visita hoy el Euskalduna, valga la paradoja.

La emoción recorre mis venas, noto el cosquilleo. En Euskadi no tenemos zoo, pocas veces se nos presenta la oportunidad de observar a los animales más trasnochados en libertad. Y hoy es uno de esos días. Me preparo para acudir a la cita: zapatos, pantalón de ayer y camisa desaliñada, no vaya a ser que me confundan con uno de esos progretarras.

Llego a los exteriores del Palacio Euskalduna y — ¡sorpresa! — encuentro tres lecheras de la Ertzaintza. Entiendo que en breves llegan los camiones con las bestias y que no quieren que ninguna se escape; vete tú a saber, tal vez haya alguna especie invasora. Me siento en un banco en la entrada del edificio y observo el target del evento. Por momentos dudo entre si estoy ante una convención fascista o la promoción de la gomina American Crew. Cuando caigo en que el público objetivo de ambos es el mismo, me aventuro a entrar. Previa identificación, por supuesto.

El evento se celebra bajo tierra, en la planta menos 1, seguramente para mimetizar con Franco. Sin embargo, aquí hay bar, a diferencia de la capilla del Valle o la Almudena. Para cuando me quiero dar cuenta estoy poseído por el espíritu de Pío Moa con una caña en la mano. El olor a azufre cada vez es más fuerte y mi compañero me alerta, el show empieza en breves, tal vez deberíamos entrar. Última fila y esquina, que los animales salpican.

El espectáculo comienza con la oratoria de Javier Ortega Smith, ese hombre que juega a ser más papista que el papa y más facha que Santiago The Fachest Abascal. La conversación no puede ser más tabernaria. “La España viva está aquí presente”, aplausos. “Los ocupas han llegado a la Moncloa”, aplausos. “Junqueras va a pasar 74 años en prisión”, ovación. Ante tanta exaltación decido unirme a la fiesta y le explico a mi amigo que parezco el extuitero Herman Tersch: camisa descuidada, en un acto ultraderechista y oliendo a fiesta. El de al lado interviene: “Ese es un crack”. Todos disfrutando del zoológico.

El auditorio rompe cuando la iguana más arcaica toma la palabra. El caudillo Abascal es fuertemente vitoreado. Eso sí, él lo matiza: “Ni viva Santi, ni viva Vox. Viva España, estamos aquí para que España gane con nosotros”. Ya puestos, podríais hacer algo por el Athletic, que llevamos desde agosto sin ganar.

El festival de exabruptos no se hace esperar. Y empieza fuerte. “Nos quieren calificar. Pero no vamos a entrar en debates de etiquetas. Nosotros somos españoles, antifascistas y anticomunistas”. ¿Antifascistas? ¿Anticomunistas? Por momentos pienso que estoy ante Mijaíl Gorvachov, Tony Blair o Manuela Carmena. El gatillazo llega pronto: “Pablo Iglesias decía el otro día que para diferenciarnos del PP íbamos a tener que cantar el cara al sol”. Un señor del auditorio responde muy educadamente: “Pues lo cantamos”.

El Universo Vox también alberga un espacio para los más cineastas. Eso sí, la referencia cinematográfica sorprende, muchos esperábamos a Sáenz de Heredia o Juan de Orduña. “Bienvenidos a la resistencia”, clama Luke Abascal ante cientos de eawoks nostálgicos que han acudido a presenciar el aterrizaje del Halcón Milenario en la Estrella de la Muerte. Skywalker también manifiesta que nadie les manda al ostracismo, que el centenario ejército rebelde seguirá batallando contra Darthnasagasti Vader y “los progres del PNV”. De nuevo, ovación. Están escribiendo una página en los libros de historia. Lo de hoy lo estudiarán mis hijos.

Todo lo bueno acaba y la función llega a su fin. El auditorio se pone en pie y escucha el himno de la indivisible. Hasta aquí todo bien, la mano está en el pecho y no alzada. Al acabar la melodía llega la sorpresa, esperable pero inesperada, y el sector más animado del público entona a capella: “Viva España, alzad la frente, hijos del pueblo español, que vuelve a resurgir. Gloria a la Patria que supo seguir, sobre el azul del mar el caminar del sol”. Después de esto habrá quien les llame franquistas; yo les elevo al nivel de Rosalía y me pregunto si actuarán en la gala de los MTV.

La salida del acto presenta numerosas opciones recreativas. Por un lado, venden españolidad por dos euros, plasmada en pulseras rojigualdas con el logotipo de Vox. Por otro, un grupo de cuñados entabla una conversación sublime, al nivel de la ponencia. “Ya no se puede ser de nada”, “Odón Elorza es amigo de la ETA” o “Rajoy nos ha traicionado” son sus argumentos de autoridad. Sin embargo, la actividad más exitosa es el acceso a la granja escuela, donde uno puede acercarse a las estrellas de la función.

Qué nervios, voy a conocer al político más trendy del momento. También el más fascista, pero en los tiempos del Instagram las ideologías quedan en segundo plano. Tras la foto de rigor felicito a Abascal por su intervención “el otro día en Radio Marca”. Santiago queda acaramelado y me responde con un vergonzoso “ah, ¿sí?” No doy crédito, he domando a la bestia. Sin embargo, en el momento más inesperado aparece Ortega Smith para salvar a su soldado Ryan. “Chavales, ¿qué os ha parecido cuando he mandado ‘a tomar por culo’ a los independentistas catalanes?”. Este tío sabe que estudio comunicación política. “Muy bien”. Y nos vamos.

A la salida de la función entiendo por qué no tenemos zoológicos en Euskadi. La verdad, me quedo con el Parque Natural del Gorbea y sus especies. Además, los animales que acabamos de ver se reproducen a una velocidad eclesiástica. Acabarían siendo una plaga insoportable. Y a ver quién tolera estos actos de manera rutinaria. Una y no más, llego a casa con una sensación que oscila entre haber sobrevivido a un bombardeo y haber blanqueado el fascismo. Va a resultar que el Huesca — Getafe era una opción moral.