¿L@s niñ@s hacen lo que quieren en un ambiente Montessori?

¿L@s niñ@s hacen lo que quieren en un ambiente Montessori? ¿Pueden estar días sin hacer matemáticas si no les apetece? ¿Cómo se consigue un ambiente calmado si no tienen normas? ¿Son niños disciplinados? ¿La guía tiene autoridad sobre l@s niñ@s?

Los límites es una de los temas que más preocupan a madres, padres, maestros, pedagogos o cualquier persona que conviva con niños/as. Para María Montessori, los límites van de la mano de las libertades. Para que los límites sean efectivos y tengan sentido para ellos, deben estar íntimamente relacionados con las libertades que se sobrepasan si no los respetamos.

Todos nosotros, también los niños/as queremos tener libertad. Disfrutan del movimiento, del silencio, del orden y de la armonía; y son capaces de comprender que para disfrutar de este ambiente hay ciertas circunstancias que se deben dar.

Por ejemplo, si les gusta moverse libremente por el ambiente, el ambiente debe estar libre de objetos que pueden dificultar dicho movimiento o pueda ser peligroso. Si les gusta el silencio en el momento de leer cuentos, debemos usar un tono de voz bajo para garantizarlo. Si les gusta encontrarse sus juegos o materiales de clase ordenados, al acabar una tarea deben colocarlos de nuevo.

Por lo tanto, siguiendo esta lógica, los límites se derivan de las libertades de las que ellos mismos quieren disfrutar, así como de las libertades de las que quieren disfrutar las personas que les rodean.

“La libertad acaba donde empieza la libertad del otro”

En el momento que estamos privando de libertad a las persona o, incluso, al nuestro entorno, aparecen los límites que no debemos sobrepasar si queremos convivir en un ambiente armónico.

Como educadores, ya seamos madres, padres o maestros, a lo que debemos anticiparnos para que estos límites y libertades se generen de manera natural y orgánica es la preparación del ambiente. El ambiente (la casa o el aula), es lo que M. Montessori llama ambiente preparado, y debe ser seguro y adaptado a las necesidades de los niñ@s que vivirán en él. Por eso debemos diseñarlo teniendo en cuenta la actividad, los niños/as que vivirán en él y los límites y libertades que se llevaran a cabo.

Si queremos que nuestro hijo/a tenga la libertad de desarrollarse de manera autónoma en las rutinas de higiene diaria, el lavabo debe estar adaptado a él, ya que si no, seremos los propios adultos los que no estamos respetando sus libertades y estaremos, por lo tanto, sobrepasando límites.

Esta manera de convivir, teniendo en cuenta a las personas que nos rodean y también nuestras propias necesidades, se debe trabajar de manera diaria, para que los niños/as puedan aprender día a día como ser autodisciplinados. De este modo aprenderán a ser disciplinado y no será una imposición.

El objetivo no es que el niño/a siga las órdenes del adulto y no tenga oportunidad de decisión, nuestro objetivo es que los niños/as sean autodisciplinado, ya que de esta manera los niños/as serán dueños de si mismos y podrán decidir siempre lo que quieren hacer respetando su entorno y las personas que viven el él para que vivamos en harmonía.

“Llamamos disciplinados a un individuo que es dueño de sí, y que puede, por lo tanto, disponer de sí mismo cuando sea preciso”. — M. Montessori
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