Cuatro veinte

En mis años de primaria y secundaria estaba segura que iba a estudiar arte, por esa razón había decidido nunca probar la marihuana, puesto a que creía que mi mente ya era ‘muy creativa’ y no lo necesitaba; también por la posibilidad de que ‘el viaje’ que prometían podía llevarme a lugares más oscuros, a miedos y fobias; y eso me espantaba, me mantuvo alejada. Puesto a que no termine estudiando arte, poco después me vi en una sala rodeada de personas fumando, riendo y comiendo. La marihuana es un miedo social que cuesta mucho quitar, y yo no apunto mi dedo a nadie que lo haga; la idea de que puede ser una iniciativa a más drogas es una realidad, pero la realidad de la que nadie habla es que esa decisión va a depender de una sola persona, uno mismo.
Esta droga se encuentra alarmando en los títulos de los periódicos; en los tribunales causando problemas; y en las casas como debate a la hora de cenar. Es el estereotipo de jóvenes zombis y posibles indigentes el que hace que parte de la sociedad quiera quitar la mirada, volver sus ojos o mirar para abajo. ¿Qué es tan malo, (o tan bueno), que tiene a todos tan alborotados?
En mi experiencia, las personas que deciden dejar atrás el riesgo de ser tratados diferente por su gusto a la marihuana adquieren cierto comportamiento, que se podría ver como respetuoso a aquellos que los rodean. Las reuniones donde va a haber son advertidas; si es en un lugar público, el grupo mantiene dicho encuentro casi secreto; y, si no fuera por el evidente olor que los sigue, y los ojos irritados que los delata, nadie después de su consumo se vuelve peor; no hay agresividad, o nadie tiene que ser atendido, escoltado, o mantener bajo cuidado. Tal vez es la picardía de la ilegalidad, o tal vez es la conciencia del perfil negativo que arrastra la marihuana, pero las personas con las que he convivido en un ambiente impregnado por este olor peculiar suelen ser pacíficas, discretas, felices, y en disposición de intercambiar ideas, bandas y recetas.
Entonces, ¿Qué sostiene aún la idea diabólica y prohibida del ‘marihuano’ en la sociedad actual? Yo me siento a ver el televisor y las noticias muestran jóvenes matándose en las calles con aliento a alcohol; salgo de mi casa entre semana y hay una promoción de cervezas por un partido; o por un concierto; o porque es día santo. Y salgo el fin de semana y hay una barra libre; con la libertad de vomitar su propio peso después de que la fiesta termine, con la libertad de no acordarse que hizo; y de la libertad de hacer mil cosas que, con la libertad que tiene el alcohol, esta excusado.
La imagen que sostienen las personas que fuman marihuana suele estar enlazada a un pensamiento arraigado de aquellos que veían casarse a los 16 años ideal; a quienes se les crio con miedo y limites sofocantes; heredando a la siguiente generación el pensamiento de acceso al exceso como libertad; y así este a la siguiente, y a la siguiente. Pero a pesar de todo, el mundo huele a cambio. Es el 2016 y tenemos internet, a Snoop Dog, a Miley Cyrus, a Colorado, y el 4/20; Munchies, hashtags, la matita en camisas, medias, canciones y películas. Además, el mal sabor en la mente de muchos encuentros con Jagger bombs, vodka sodas, el borrachillo de la esquina, y el funeral de aquella vez; el que ha llevado esa imagen de diversión legal a distorsionarse por violencia y abuso; y ha impulsado a jóvenes en la búsqueda de otras opciones de recreación.
¿Es esto una revolución? Parecen haber personas que ya no quieren callar lo que verdaderamente piensan del cannabis; ni quieren esconder lo que hacen, y han hecho por mucho tiempo. Los empresarios exitosos lo admiten, los doctores quieren hablarlo, los políticos quieren desarrollarlo, y los visionarios quieren integrarlo a un nuevo sistema social. La pregunta es ¿Por qué no?
El otro día leí el testimonio de la ex directora del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), ella hablaba de su posición y de estar de acuerdo con legalizar su uso médico en el país, por los extensos beneficios que posee el cannabis; pero lo que llamo mi atención fue que en su declaración inicio con la frase “cuando uno lee y estudia”, y me hizo cuestionar qué impide hablarlo en la calle, por que al menos ocho de diez personas fuman, o han consumido cannabis una vez en su vida; y al menos cinco te pueden explicar ampliamente la variedad, sus efectos, las consecuencias, y darte un panorama político mundial del tema; además que al menos dos pueden conseguir en un periodo corto. Sin embargo, todo eso es en susurros, o en un ambiente ‘seguro’, donde estas pláticas se pueden dar sin que alguien te exponga un crucifijo, un chequeo legal, o una mirada desaprobatoria para acabar con la conversación. ¿Dónde quedo la curiosidad y el deseo de conocimiento? ¿Por qué estar en público ya no es tan público? ¿Quién dice que está bien visto y que esta mal?
Si a usted le gusta hornear, va llegar un momento en el que le preguntaran si le ha echado un poco de marihuana a alguna de sus recetas; la respuesta, igual de determinante a que le preguntaran si alguna vez le ha echado cardamomo o jengibre; ¿Por qué?, porque ese tipo de decisiones va a depender de la persona que este horneando, y su respuesta no debería estar ligada a una posible crítica social; solo a una crítica personal, y eso va a depender de qué tan rico este el queque. El querer probar algo debería ser igual a cualquier otra decisión que se tome en el transcurso de su vida; la que determinar la importancia de la respuesta va a ser esa misma persona; por cómo es y cómo quiere ser. No por la perspectiva de alguien más.
Mi mamá siempre me repetía ‘piense antes de hablar’ cuando era chiquitita, ahora lo aplico a mi diario vivir, y me ha mantenido alejada de muchos problemas toda mi vida. Pero con eso aprendí que existe una diferencia, ya que no es tragarse su opinión, o no poder expresarse, sino que es pensar; es querer aprender, conocer e investigar para más adelante poder hablar. Creo que se puede juzgar una decisión ajena si se tiene los fundamentos y el conocimiento de lo que sale de su boca, como lo es que el sol es caliente y la tierra es redonda. Pero es común juzgar a alguien por las decisiones que toma, es algo que el ser humano hace espontáneamente, solo basándose en creencias personales y pensamientos no fundamentados. Es uno de los muchos males que tiene la sociedad actual.
El cannabis, en particular, siempre me ha generado mucha curiosidad, ya que aparece en todo lado como la solución moderna; al cáncer, a la ansiedad, al insomnio, a la depresión… Como la posible respuesta a problemas milenarios, en extensas teorías médicas y científicas. Sin embargo, la recreación, la curiosidad, los negocios ilícitos, las letras pequeñas en las leyes; y el pensamiento masivo de culturas negligentes son también escenarios en las que la marihuana aparece. Así que, (como en cualquier otra situación en nuestra sociedad), el consumo de esa matita, (como cualquier otra droga, tienda, o comida) va a estar a decisión de una persona, (y solo una persona), y de lo que esta quiera hacer.