Escribí sobre el amor, aunque no lo entiendo: Parte 1

“Pensé que queríamos lo mismo”, “Me dijo que fuéramos amigos mejor”, Es que me dijo que no quería algo serio”, “Que no quería novia”… He tenido esta conversación al menos seis o siete veces en los últimos meses, todos casos diferentes pero iguales; es ridículo. Yo admito que no soy la persona más exitosa en el amor, ni tampoco soy de las que pueden tener con facilidad, o quieren una relación constantemente; sin embargo, sí creo en el amor, y sí creo que es tan poderoso que nos lleva a adentrarnos a territorio desconocido, y a hacer cosas que dijimos que no haríamos; o a creer en lo que no creíamos.

Recurrí a buscarle una explicación a este fenómeno que ha estado tan presente este año, (según yo claro, porque a decir verdad, no entiendo nada de lo que sucede en la sociedad, menos cuando se trata de las relaciones). Google, quien fue muy amable de brindarme varias opciones, me presentó una palabra que me pareció extremadamente interesante, la Filofobia; las definiciones: miedo al compromiso y miedo al amor. El miedo al compromiso en una relación amorosa estable. Alguien invento esa definición, es risible, irónico y demasiado cierto para que apareciera en un diccionario oficial.

Lugares en la web como Supercurioso, Guíapsicologica, Fobiassociales , entre otras, plantean que el miedo a enamorarse, el miedo a tener una relación seria, o hasta la búsqueda de evitar la relación con personas del sexo opuesto por la posibilidad de desarrollar una conexión profunda es una realidad; es una fobia. Como la de las alturas, arañas y la de los espacios pequeños.

Una araña, para los que le tenemos fobia, al verla muy cerca, en vez de matarla, huimos, pedimos ayuda y rezamos para no volverla a ver. Supongo que algo muy similar sucede cuando alguien empieza a presentar síntomas de Filofobia. Huir, o salir trotando respetuosamente fuera de la situación. Sin embargo, ¿Qué pasa si se me fueron las señales de que mi posible pareja tenía síntomas de Filofobia? O aun peor, ¿Qué pasa si fui yo la que empezó a tener síntomas de Filofobia? ¿En qué punto está bien dejar algo que podría ser especial con alguien más? ¿Qué excusa es mejor? ¿Qué tiene menos daños colaterales? ¿Cómo hace uno para no lastimar tanto, o salir tan lastimado?

Yo creo que el miedo a estar comprometido con otra persona en una relación de pareja es real, es normal, y es fundamentado; ¿Quién no le tema al dolor emocional? ¿Quién no preferiría poder abrazar una última vez, decir adiós, y continuar con su vida como si nada? Nadie se quiere encontrar llorando en las noches, escuchando canciones tristes, y/o buscando una droga (por no decir tequila)(o helado) para llegar siempre a la misma confusa conversación interna: ¿Qué hice? ¿En qué momento algo salió mal? ¿Qué fue y cómo no lo pude evitar?

El amor, lamentablemente, es el concepto más abstracto con el que el ser humano vaya a tratar, porque no hay ciencia ni ideología que vaya a poder desmenuzar una emoción como un átomo para que yo pueda entenderla y aplicarla adecuadamente en mi vida. Todos sentimos similar, pero diferente. El ser humano ha decidió agarrar un término tan confuso y poco universal y utilizarlo diariamente, poniéndolo en el diccionario, agregándole infinitos factores, que, lo único que han construido es un juego de reglas, para poder delimitarlo y enseñarnos a amar ‘correctamente’. Después de un par de canciones, poemas, y películas, el concepto de amor es universal, y todos lo tenemos claro. ¿O no?

Se nos olvida que cada ser humano, cada mente individual va a entender una cosa y va a comunicarse de cierta manera, que aunque el receptor diga entender, nunca estaremos completamente seguros. Cada uno posee un juego de reglas específicas, como un manual, que raramente colinda con el de la otra persona. Y es ahí donde se complica el asunto.

En mi búsqueda, encontré en Internet una supuesta estructura griega que intenta explicar el complejo sentimiento.

Comenzando con el Agape, el amor hacia la humanidad; es el amor incondicional, que no se desarrolla por un lazo creado, sino que es el que se siente sin necesariamente tener una conexión directa. Es aquel que nos invita a sentir simpatía por otras naciones cuando pasan por algo grave, o por la tierra cuando sabemos que sufre; amor al prójimo porque es nosotros, y todos somos uno. (Es ese amor que parece estarse dando mucho últimamente, porque la humanidad vive en constante ataque, herida y débil, el agape nos mantiene en sufrimiento ajeno las 24 horas).

Después está el Storge, o amor fraterno. Es el que siente profundamente por un lazo que se crea, ya sea de sangre o no, es un amor familiar. Fuerte como el que siente una madre por sus hijos. Es innecesario continuar, pues creo que todos sabemos lo que es este amor, ya que todos consideramos, al menos a una persona familia. El otro es Filia o filial, este amor es el amor entre amigos; para mí es uno de los amores más puros, de hecho hasta lo hubiera puesto en el lugar de fraterno, porque a veces llega a ser la misma cosa. Supongo que es eso que sentimos por alguien, que nos inspira a cuidarle la espalda, a brindar un hombro para confortar; la que efervescente enojo que nos invade cuando sabemos que hirieron a ese alguien por el cual sentimos este amor; es protección, es cuidado, es apoyo. Como se refleja en la frase de los Mosqueteros ‘uno para todos y todos para uno’; aquellos que cuentan con alguien quien consideran verdaderamente su amigo lo entienden, y saben lo importante y puro que es este amor. Y todos con los que no se siente eso, como dice mi madre, son conocidos con los que nos llevamos bien.

Y llegamos al más complicado y simple de todos, el amor Eros. ¿La parte simple de este concepto? el nombre, eros, de erótico, el sexo, lo que guía al ser humano de manera instintiva; pero y, ¿luego de eso?

(No importa, el sexo es otra historia)

En otra fuente que apoya la complejidad del eros definía este como el resultado de poderosas fuerzas de atracción; nada de flores y matrimonios, sino que el tornado interno que sentimos cuando alguien que nos atrae entra por la puerta; o cuando esta persona choca su piel contra la nuestra por error y el corazón se vuelve loco, es una etapa; es un sentimiento, si, pero no llega a profundidad. En ese momento, para quienes lo están sintiendo, eso es completamente falso. La sonrisa indiscreta cuando pensamos en cuando la manos finalmente se unieron; la insaciable sed de besos que se presenta cuando los labios se tocan; los halagos, y los momentos antes de dormir donde su cara es lo único que se ve. Eros es casi la mejor parte de las relaciones; cuando no se tiene que preocupar por el futuro, o por el pasado, todo es brillante; como si se le hubiera puesto un filtro de Instagram a cada momento, o si al fin estuviéramos en la comedia romántica de Ryan Gosling. Todo es perfecto hasta el momento en el que nuestro corazón ya no solo quiere emoción pero quiere pertenencia, quiero estabilidad; es cuando Eros empieza a hacer la transición al amor Pragma (“amor que ha sido cultivado; amor que mantiene una relación; que sea un acuerdo de incondicional con respecto, que sea duradero por el entendimiento que se da como resultado de dicho amor”). Cuando se llega a pragma lo que quedan son las cosechas del eros; se vuelve una transacción de ideas, un acuerdo casi legal de la aceptación completa del otro individuo; una conexión que se concreta con el tiempo, porque los frutos de todas las vivencias de eros ayudaron a las dos personas a crecer, a conocerse mejor, a conocer a la otra mejor, y el eros que queda es con más entendimiento profundo de cada uno. Y deja de existir esa lujuria desesperada por la otra persona, que es estimulada por lo que vemos y creemos que es; sino que es ahora el deseo esta impulsado por lo que sabemos de esa persona, por lo que admiramos, atesoramos. La profundidad de apego destrona al eros.

When Harry met Sally

Entonces, si sabemos que eso existe, y es posible, ¿Cómo logramos los seres humanos explotar al máximo lo que tenemos para dar en amor si existen estos tipos de murallas conceptuales que complican y acomplejan a las personas? ¿Será que el casual dicho de tener algo casual es un código para ‘cerrar la puerta del pragma’ como mecanismo de defensa? ¿O de ofensa? ¿Qué pasa si nunca quiero algo simple, sino que quiero algo épico e intenso, que aunque exista la posibilidad de que sea fugaz, lo viva con todo el eros posible? Pero obvio, como hago para no extrañar, no recordar, no herirme ni herir. ¿Cómo logro llegar a un balance? ¿Será pura suerte?

Yo creo que existe una necedad de querer dictar cómo ‘deberían’ ser las relaciones, cómo se supone que deben actuar dos personas que sienten algo tan simple y puro como lo es el amor. Somos individuos en la constante batalla de separar lo que esencialmente uno es, y cómo quiere ser en realidad, con lo que vemos en los medios, en las costumbres ajenas, costumbres sociales, en las ideas y pensamientos de los demás; haciendo todo lo posible para que no influyan en nuestras convicciones personales de manera conflictiva. Es decir, que difícil creer que existe un manual universal para algo tan intimo y variante como el amor entre dos personas.

Cada persona ve la vida diferente, y ama diferente, el asunto aceptar y amar sin miedo; honestidad, claridad, y todos los clichés que pasamos diciendo pero todavía falta que se tomen verdaderamente enserio. (si existiera ese manual, creo que esos serian los puntos con los que comenzaría).

Y no es que estar en pareja sea una pérdida de tiempo, no es tampoco que estar solo también lo sea; es la simple realidad de que, individualmente, podamos vivir la vida que queremos vivir sin importar la edad, o la ubicación, o la religión, o la sexualidad. Que podamos amar sin disculparnos, que podamos no amar sin sentir culpa, y que podamos vivir en una cortada limpia de honestidad y verdad; sin peros, sin mentiras blancas, sin pretender, solo ser quien es uno, y sí, no perder el tiempo con aquellos que traten el amor como algo superficial, como un acertijo, o como una obligación; sino que intentar ser uno tan uno que llegue alguien interesado en compartir su tiempo para vivir, para ser esa persona tan ella que el amor sea algo que nazca natural.

Suena casi irreal para mí, pero no lo sabré hasta que lo viva; sin miedo, sin fobias, y con la expectativa de nada mas amar como quisiera ser amada. No queda de otra.