Porqué viajé 4,000 millas en 3 días

¿Obligado por las circunstancias o porque lo deseo?

Es el día anterior al comienzo de un viaje de 4000 millas y estoy pensando detenidamente en la pregunta. Hago un análisis y deduzco que las causas se pueden atribuir de la siguiente manera: 90% adjudicable a causas bajo mi control, y 10%, llámalo suerte, coincidencia, o destino, por causas fuera de mí control. Desde esa perspectiva tengo que llegar a la conclusión de que me embarco en este viaje porque es mi decisión. De lo que pase de ahora en adelante no podré culpar a nadie sino a mí mismo.

Domingo, primer día, milla zero

No tengo ninguna obligación de estar aquí pero sin embargo lo estoy. Completados las revisiones de seguridad, indispensables pero molestas, lleno de ansiedad trato de tranquilizarme controlando mi respiración y observando sin pasar ningún juicio mis alrededores, sólo observar.

Es el comienzo de mi viaje, un viaje para mercadear mis habilidades, un viaje donde tengo que presentar lo mejor de mi. Un viaje cuyo resultado pudiera ser una oferta de trabajo que con gran anhelo deseo; trabajar en las oficinas centrales de Amazon, una compañía la cual admiro grandemente.

Comienzo en un aeropuerto del Noroeste de Arkansas, puerta A5, en un soleado día de invierno. Mi destino final: Seattle, a 2,000 millas de aquí. El contraste de dónde empiezo a donde voy no puede ser más marcado; de un pequeño pueblo de 35,000 habitantes, al final del día estaré buscando nuevas oportunidades de trabajo en una metrópolis de sobre 600,000.

He estado en muchos aeropuertos y este no tiene nada excepcional. Es un terminal moderno, funcional, de colores pasteles para inducir tranquilidad. Tranquilidad que es constantemente interrumpida por el estruendo de altoparlantes con recordatorios de seguridad y anuncios de llegadas y salidas. Compartimos el terminal otros pasajeros como yo, no muchos en realidad, absortos en lo que tienen a la mano; libros, teléfonos, computadoras, la mayoría con audífonos, intentando aislarse en su mundo interior. Hacia arriba el techo de paneles acústicos, a los lados luz solar en abundancia y proveniente de un cielo azul con lejanas y difusas nubes. En fin, debe ser un viaje sin fenómenos atmosféricos que pudieran causar retrasos en el itinerario de vuelo.

Me levanto a estirar los pies y por la ventana observo el avión que me llevará a Denver, primera y única parada, donde tendré que cambiar a otro avión y así llegar al aeropuerto final, seguido de un Uber al hotel.

Ya en el aire, llegando a Denver, miro por la ventana y se me ocurre que si Irlanda es el país de miles de tonos de verde, el pasto de Colorado en invierno debe ser el de los infinitos tonos marrón, que hacen un fabuloso contraste con las montañas cubiertas de nieve que se aprecian en la lejanía.

El viaje de Denver a Seattle fue sin problemas, aunque sintiéndome como si fuera en una lata de sardinas. La invitación a la entrevista, con todos los gastos pagos, es por tarifa económica, pero no me quejo.

Lunes, día número 2, a 2,000 millas de mi hogar

Escribo desde la recepción de Fiona, lugar de nacimiento del Kindle y cobijo de acero y cemento del equipo de personas que lo desarrolló y continúa haciéndolo. En la pared opuesta a mí, expuestos sencillamente en orden cronológico, se ven todos los modelos de Kindle que se han creado. El área de recepción es sencilla y modesta, sin un letrero gigante como yo pensaba, proclamando que has llegado a los cuarteles generales de Amazon. Sólo se aprecia la palabra Amazon en unas grandes letras en madera en la pared de fondo, directamente opuesta a la entrada desde la calle.

Me identifico, menciono el motivo de estar allí — una cita con Carlos — me entregan un pase de visitante y amablemente la recepcionista me indica que me puedo sentar, lo cual tranquilamente hago a la vez que trato de controlar mi nerviosismo, concentrandome en el momento en vez de asustarme por lo que me espera; 6 horas y media de preguntas sobre mi experiencia profesional y observaciones sobre mi comportamiento.

Al cabo de varios minutos llega Carlos, y después de la introducción mutua caminamos al salón que será testigo de las entrevistas por el resto del dia. Un poco irritante el hecho de que Carlos utilizaba su computadora para anotar mis respuestas y consecuentemente el contacto visual personal sufría. Me preguntó por un libro que yo hubiera leído recientemente y le dije How to Have a Good Day, por Caroline Webb. Si por dichas del destino nos volvemos a encontrar le voy a preguntar si lo llegó a leer. Terminado el tiempo planeado, notamos que mi próximo entrevistador, Demetrio, ya había llegado.

Demetrio, usando una libreta en vez de computadora para anotar mis respuestas, mantuvo contacto visual y parecía más atento a mi que en cumplir con llenar un formulario. Especulaciones mías, pero creo que por eso está donde está, el jefe supremo de una división de Amazon. Conectado con la gente de poder de la empresa, explica la posición que tiene y un breve resumen de su carrera. Como había hecho mi investigación en LinkedIn, lugar donde muchos de nosotros tenemos un perfil profesional, estaba al tanto de su posición de alto ejecutivo, sin embargo fue inesperado para mi lo abierto, genuino y servicial que se mostró conmigo; al punto que de todos las personas que llegue a conocer este día, fue el único que compartió su dirección de correo electrónico y su teléfono.

El día incluyó una invitación para almorzar donde Esteban sería mi anfitrión, y a modo de introducción, enfatizó que no estaba allí para entrevistarme, todo lo contrario, sino como un gesto de hospitalidad.

Esteban hizo todas las preguntas correctas para sacarme, sin preguntar directamente, detalles personales. Fui honesto en mi preocupación por una relocalización y el impacto en mi familia. Si eso será mi perdición para que no me hagan una oferta de trabajo, pues que lo sea. Hasta ahora ha sido una experiencia maravillosa de la forma en que me han tratado y de lo que puedo hacer si me lo propongo. Me siento cómodo, he hablado con claridad y sin extenderme demasiado, y me han venido rápidamente a la cabeza los ejemplos que pensé para las preguntas que me podrían hacer.

Estoy casi seguro que la cita de almuerzo con Esteban fue una estrategia, muy bien pensada por cierto, y de la cual estoy de acuerdo si estuviera en el lugar de ser el reclutador en vez del reclutado, de hacer que el candidato, relajado y con el énfasis en que no es una entrevista, revele lo que en una entrevista formal no revelaría. Si es cierto, lo único que me perjudica sería que con mis comentarios de haber comprado la primera generación de Kindle, muchos años atrás, y de que espero una nieta en mayo, podrían quizás usarlo para inferir lo viejo que soy y perjudicarme, si es que con mi cara no se han dado cuenta. Que se joda, si éste trabajo está para mi lo pongo en las manos de Dios. Si no quieren una persona madura y de experiencia mejor me lo dicen antes de hacer planes de mudanza.

Después del almuerzo y una media hora solo con mis pensamientos, conocí a Cristóbal.

Cristóbal, quien trabaja en servicios de informática, fue caso aparte en su forma de ser. Me recordó otra persona de otra entrevista, en otros tiempos, que tenía un montón de preguntas bien específicas e indagaba con el más mínimo detalle mis respuestas, sentí yo, como para ver si me cogía exagerando. Para colmo, Cristóbal es el cliente interno que esta posición serviría. Si no le gusté como candidato pues al zafacón va mi oportunidad de trabajar en Amazon porque su opinión va a tener un gran peso. Que no se me olvide su comentario de que lleva 11 años con Amazon y que en su opinión es una rareza. Si sucede por la gracia de Dios que se convierte en mí cliente, hay que sacarle provecho a esa experiencia de ver crecer a Amazon a lo que es hoy en día.

Antonio fue un alivio para mí después de estar hablando “el difícil” todo el día y un hispano con dominio del español. Con su pelo de arco iris no puede negar que trabaja en programación. Su historia de cómo llegó de Colombia vía estudios de Maestría en Nuevo Méjico, es comendable y objeto de admiración. Inmediatamente noté que había hecho una investigación de mí tierra natal y estaba al tanto de la realidad política intrincada y confusa que existe con Estados Unidos.

Juan, mi potencial jefe, es cómo me lo imaginaba: atlético e informal. No muy expresivo, pero muy servicial y genuinamente interesado en mi y mis preguntas por el trabajo y que significa vivir en Seattle.

Juan fue el último entrevistador y ya cerca de las cinco de la tarde terminó todo. Caminando y admirando el paisaje urbano que rodeaba el lago South Union, satisfecho con mi desempeño, llegué al hotel.

Lo que el equipo de Amazon decida no lo sabré hasta dentro de unos días. De nuevo pongo mi confianza en Dios de que si esta oportunidad esta para mi que facilite las cosas y si no pues que remedio y seguiré luchando por salir de este limbo profesional en que estoy.

Día 3 y 2,000 millas para regresar de donde partí

Primera vez que escribo tan temprano (son las 4:30 AM).

Han sido tres días de “primera vez”. Primera vez en Seattle, primera vez que me entrevistan para una posición tan importante, primera vez en el aeropuerto de Sea -Tac, primera vez que uso el celular como ticket de abordaje, primera vez que pruebo ostras del pacífico, primera vez que tomo fotos en Seattle, y la primera vez que visito la compañía Amazon.

Me siento tranquilo, orgulloso de mí mismo y con la confianza de que si me ofrecen el trabajo y un buen salario podré sobrellevar los escollos que se me atraviesen en el camino.

Solo me queda volar de Sea-Tac, a Denver, y finalmente Arkansas, completando así las 4,000 millas en tres días, pensando en cuál será el título de mi próxima historia : ¿Será? Como — casi — me convierto en un “Amazonian” o podré titularlo “Cómo me convertí en un” Amazonian”.

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