Realmente odio las primeras impresiones. ¿Y tú?

Es para joderse. Olvida todo lo que sabes sobre cómo sobresalir en una entrevista de trabajo. Después de todo tu subconsciente te puede traicionar.

Cuando estamos buscando trabajo, en paralelo, si tomamos en serio ese esfuerzo, también buscamos consejos. Después de dos meses estoy harto de leer sobre el mejor resume, el perfil correcto, que decir y cómo contestar. Cómo pensar, que pensar, y qué sentir. Cómo darse a conocer. Ser auténtico, pero no demasiado. Ser apasionado, pero mesurado.

Todo para esa primera impresión crucial, que según los psicólogos, puede ser determinante en si te toman en serio o no.

Estoy pasando por éso. Después de la entrevista inicial por teléfono hay interés de ambas partes en continuar en persona. Se coordina una fecha y tiempo. Me preparo con consciencia y me visto apropiadamente. Llego a tiempo.

Al final de la entrevista, tomo unos minutos para hacer una introspección. Casi siempre siento que hubo una buena vibra con el entrevistador y que contesté las preguntas satisfactoriamente. Me aseguro de ello, lo pregunto directamente. Doy las gracias y envio un mensaje de seguimiento donde además expongo lo positivo de la entrevista y mi potencial contribución a la compañía.

Pero la oferta de trabajo nunca llega.

¿Qué otra cosa pudiera explicar que el proceso se detenga justo después de conversar cara a cara?

Pues resulta que no solo hablamos con la boca. Como si no fuera suficiente prepararnos concienzudamente, especulando sobre qué preguntas nos van a hacer y cómo las contestamos, también tenemos que prepararnos a controlar nuestro subconsciente.

El lenguaje corporal nos puede traicionar en esa primera impresión.

Es un hecho, comprobado en estudios psicológicos, que es innato del ser humano crear una impresión de alguien en sólo 30 segundos. Es un juicio subconsciente que influye el deseo de aceptar a esa persona. En el caso de una entrevista de empleo es fatal si es negativo. No importa cuán meticuloso y racional sea un proceso de reclutamiento, al final es la intuición del gerente que está reclutando quien decide. ¿Deseo trabajar con esa persona? ¿Que sea parte de mi equipo?

Por otra parte, nuestro subconsciente envía mensajes de nuestra individualidad con gestos y movimientos corporales que no tienen nada que ver con nuestra habilidad de hacer un trabajo excelente.

¿Sabes que si inclinas la cabeza hacia abajo o la mueves hacia el lado estas enviando un mensaje? “No tengo confianza en mí mismo”, lo que pone en peligro tu deseo de una posición que requiera liderazgo.

El estar encorvado significa que éstas cerrado a nuevas ideas y a colaborar. Pero una postura muy derecha y firme proyecta presunción. “Me lo sé todo”. Idealmente quieres algo intermedio. Derecho, pero no tieso como un roble. Sé un bambú balanceándose en una suave brisa, que flexible, vuelve a su sitio.

¿Y qué hay de dar la mano? Es lo primero que hacemos y según los expertos es crítico ofrecer un apretón firme, pero no demasiado. Eso proyecta seguridad y confianza, caracteristicas deseables para cualquier posición laboral.

Ten cuidado al inclinarte. Muy hacia adelante significa agresividad. No te lo recomiendo, a menos que ser luchador sea tu meta. O vendedor. Inclinarse hacia atrás significa que no estás interesado, no estás comprometido. Mientras tus palabras repiten lo que a conciencia sientes como una excelente oportunidad… ¡cuidado! Si te inclinas en la dirección incorrecta tus palabras perderán valor.

Mirar directamente a los ojos se recomendaba en los años sesenta. Ahora es directamente a la cara. Como un metrónomo bien calibrado, debes oscilar cada dos segundos entre ojos, cara, y nariz, pero sin enfocarte en los ojos. O sea bizco. Si creemos a los expertos, mirar a los ojos dejó de ser un gesto de empatía. Es un gesto desconcertante e intimidante en la cultura actual. Si todavía crees que es apropiado, no estás en el lugar correcto. Guardalo para el ring de boxeo.

Estar sin empleo es una situación estresante. Asistir a esa primera entrevista personal más todavía. No quiero exagerar, pero está en juego tu porvenir. Tienes anhelos y expectativas. Deudas que pagar. Posiblemente, finalmente, un cambio positivo a la mano. Merece toda la seriedad del mundo, ¿no?. ¡Te equivocas de nuevo! Estar muy serio proyecta infelicidad, no estás disfrutando de la entrevista. Quien te observe pudiera pensar “Entonces, para qué está aquí?“.

Cuidado con las manos (de nuevo) y pies. No hay nada más directo que diga “nerviosismo” que manos y pies en constante movimiento. Como que quieres salir corriendo de allí, y por el camino golpear a unos cuantos. Lei, como consejo experto, que en vez mastiques chicle. ¿De verdad? Porque yo lo consideraría de muy mal gusto, pero no soy el experto. ¿A quien le interesa hablar con un chivo?

Amigo lector, si estas en las mismas que yo, no tomes muy en serio lo que escribo.

Pero tampoco lo ignores por completo. Hay un poco de verdad y el reto es conocernos para saber lo que nos conviene y lo que no. La intuición es sabia, pero imperfecta.

Así como se crean impresiones de nosotros, nosotros creamos de otros basados en simplezas y prejuicios. Si la oferta de trabajo no llegó, debes considerarlo una práctica para la que pronto va a llegar. Y mejor.