EX

Nicolas Hardy y la fotografía intimista







Cuando damos un vistazo a La Cámara Lúcida de Roland Barthes dilucidamos dos elementos clave: su forma de entender el registro como método de conexión emocional con lo que ha sido y no está más, y su apreciación teórica del hecho fotográfico en general. Aunque ambas miradas convergen en una sola es lo primero lo que hace a este libro una pieza contemporánea de culto, dejando al descubierto a un Barthes que describe el modo en que una fotografía puede llegar a dejarlo herido. Algunos experimentamos el mismo dolor del autor, sobre todo cuando repasamos esos álbumes llenos de cosas que están muertas para nosotros, metafóricamente o no. Esto, además de la desolación, puede al menos convencernos de que el paso del tiempo es aniquilador e incorruptible y todo lo que nos queda más allá de la memoria son imágenes sueltas insertadas en recuadros. Barthes, quien escribe el libro siempre desde la postura nostálgica de quien recuerda a una madre ya muerta, nos entrega una visión afligida y punzante que tiene que ver con la resurrección de las cosas, como si la fotografía se tratara de un certificado de presencia que nos devuelve lo que solía pertenecernos (o creíamos poseer).

En medio de una de mis clases de retrato con Lula Bauer me topé con Ex de Nicolas Hardy, un libro pequeño con cierto aire de misterio; un poco hecho mierda quizás por la cantidad de veces que ha sido visto y colección personal de las fundadoras de Santa. Se trata de un foto-libro conceptual editado en 2004, con un Hardy que a punto de casarse selecciona 88 fotografías de una ex novia con quien mantuvo una relación de diez años. Al comenzar a hojear Ex de una manera bastante aleatoria pude sentir como a mis compañeras de taller y a mi se nos ponían los pelos de punta, porque además de la fuerte carga emotiva que una serie como esta puede llegar a albergar, no solo es el fotógrafo quien se pone el traje de voyeur: son también los espectadores.


Ex, de Nicolas Hardy. Todos los derechos reservados


Hardy es un argentino del 70' que vive entre Buenos Aires y Nueva York. Es un fotógrafo profesional dedicado la mayor parte del tiempo a la moda y la publicidad que después de años de formación -no sabemos cómo y por qué- decidió reunir todos esos negativos que congelaban su relación pasada y armar así la secuencia de Ex. Nace aquí el relato intimista, la otra intención del fotógrafo que con la nostalgia estallando en su memoria selecciona capturas o bien muy elaboradas o tan cotidianas como las de una mujer que usa el baño y se afeita las axilas. Fue mi caso que al adoptar el papel de espectador de este libro de pocas pulgadas dejaron de importar los encuadres, o si la iluminación era la correcta, o si la pose era buena o mala. En lugar de eso surgieron preguntas: ¿quién era ella y por qué estaba allí? ¿por qué nunca se reía? ¿le molestaba que siempre le tomara fotos? ¿era esa la casa de ambos? ¿cómo tenía tan lindas tetas? ¿era feliz? Cuando el pasar de las páginas se convirtió en una acción casi obligatoria, me fui dando cuenta de como yo (y las demás personas que se han enfrentado a este libro) husmeaba sin querer en los recuerdos de quien apenas conozco un nombre. Me dieron ganas de tener más detalles, de saber cuánto se querían o si eran felices o no. De todos modos este compendio de imágenes solo da para absorber el día a día de una perfecta extraña que tal vez podría ser yo.


Ex, de Nicolas Hardy. Todos los derechos reservados.


En el prólogo de su foto-libro, Hardy comenta

Nadie sabe como el amor queda traspapelado. Lo que si sé es que las fotografías me recuerdan todo el tiempo que realmente existió, que era imposible no fotografiarla, y que por casi diez años ella fue tan importante para mi.


Ex, de Nicolas Hardy. Todos los derechos reservados.


Ex te deja a ratos desprovisto y triste, en la medida en que sin remedio se trasladan todas esas situaciones crudas a las de la propia cotidianidad. Después de ver el libro a los golpes, llegué corriendo a casa a revisar mis registros y comprendí cuánto había perdido, además de todo eso que inevitablemente no podría volver. Pensé con gran melancolía en los lugares que dejé atrás o en esos amigos con los que hablo poco o simplemente ya no hablo en lo absoluto. Todo queda quieto, tan inmóvil como un cadáver al cual se mira desesperadamente con ganas de revivir. Se enciende allí la idea de Barthes, esa en que plantea que la fotografía no es más que una microexperiencia de muerte y que paralelo a un studium hay un punctum, eso que hiere sin que se pueda identificar muy bien por qué. Sin embargo, al margen de la ansiedad por encontrarme a mi misma rodeada de fantasmas, hay que regresar a Ex y tener claro que es la historia de eso que se amó con locura y tuvo un fin irrevocable. Es la imagen de Nicolas y Sylvia; él detrás del lente (por instantes reflejado en los espejos, con la explosión de un flash que lo desvanece), ella escondiéndose de la lluvia, o durmiendo con sus gatos, o probándose algo en el vestidor. Nicolas Hardy terminó de editar su libro recién casado con Stefania, una nueva pareja que vivió un proceso creativo nada cómodo para quien está a punto de casarse. Ex es la cicatriz que el fotógrafo mostró (creo) para decir dolía entonces, pero está todo bien ahora.

Solía ser amor. Ahora solo quedan las fotos y la curiosidad del espectador.

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