De como el médico se “rebaja” a insultar al hombre.

No lo sé, esta imagen me causa conflicto. Es decir, entiendo que a veces, muchas veces, casi siempre, nos causa un poco de pesar el hecho de atender a alguien a las tres de la mañana, con horas de no haber ingerido alimento algúno, con pacientes un poco más graves esperando su turno y que nos llegue al servicio o a la consulta, ese paciente tan peculiar que no quizo venir antes por que estaba el futbol, la telenovela, hacía frío, estaba lloviendo o que se yo; sin embargo, el médico tiene un importante responsabilidad y no, no hablo del juramento de hipocrates, no hablo del amar su trabajo, no hablo del amor a la medicina, no hablo del amor al ser humano, no, no hablo de eso. Hablo del hecho de que, justamente esa “superioridad” que tanto expresamos y nos jactamos por lo difícil de la carrera, las horas, de los días, de los textos, de las prácticas y de todo lo que pasamos, justamente eso que nos hace “superiores”, nos debería no permitirnos ni dejarnos caer en el insulto como cualquier persona, carrera o profesión, justo eso es lo que no debemos hacer puesto que, entonces, citando a algún texto que hay por algún lugar: “no se debe permitir el médico el derecho de juzgar al paciente puesto que mi arte y mi profesión va en salvar la vida humana no en ser juez, verdugo y recaudador” y si hacemos esto, caes en la misma sociedad que tu juzgas, la que se dedica a encacillar al médico por que duerme en una sala o la que se ofende por que le dicen paracetamol para todo.

Entonces, supongo yo, que lo único que se debe hacer es, pasar un trago de saliva amarga y apurar en ver al enfermo, por que, los médicos que estamos en esto por amor y convicción, no vemos el número de consultas a dar, el número de urgencias que llegan, el número de notas por hacer, no, nosotros vemos el número de tratamientos por dar, el número de familias por mantener unidas, el número de esperanzas, el número de tranquilidad, el número de paz, en resumen, el número de vidas por salvar.

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