Cuando uno no sabe qué esperar

A veces, sólo a veces, uno no sabe ni cómo se siente, ni para dónde va, ni porqué está donde está. Otras tantas, sabemos que estamos en problemas, que las cosas no se van a dar, pero aún así seguimos intentándolo, por que no queda de otra, porque los sentimientos pueden más, porque la nostalgia suele ser traicionera o porque simplemente no queremos rendirnos.

Si de algo estoy seguro es que no importa dónde, ni con quién, si uno se siente incómodo o no satisfecho lo mejor es irse, pero, si de otra cosa estoy seguro es que no podemos hacerlo tan fácilmente. Tal vez mucha gente se ría, pero de cierta forma lo que dice Walter Riso (enmaracado por unos como un psicólogo de supermercado) es verdad, el apego nos mata, nos vuelve vulnerables, nos vuelve algo menos que humanos. El apego es silencioso, mata de a pocos y nos enferma, el apego no es otra cosa más que el egoísmo propio de quien lo padece, es el miedo a perder algo, es la ira por no aceptar las cosas como son.

Ahora bien, esta no es una entrada psicológica, es simplemente un texto que trata de explicar la vida de alguien en un punto en específico, en este caso mi vida, en este momento, ahora. Lo más difícil de todo es que estas cosas bien pueden salir bien, pero también terriblemente mal, las historias, los procesos, los duelos, todo siempre termina, el problema mío en este momento es que no se cuando