Expedición

— ¿Por qué me has despertado? — Su gesto era de molestia a pesar de los párpados hinchados y la cara rojiza producto de la suspensión.

— Ya casi hemos llegado.

— ¿Cuál es la distancia? — Con torpeza trató de alcanzar el dispositivo que servía el líquido necesario para despertar del todos sus sentidos y sus músculos adormecidos.

— Los cálculos dicen que 60 horas, el margen de error es diminuto según lo que se lee en lo que hemos recorrido, la trayectoria ha sido muy precisa.

— Eso es aún mucho tiempo, sigo sin entender por qué me has despertado. Sabes bien que prefiero despertar tres horas antes del destino, me es suficiente además que mi cuerpo lo necesita más que el tuyo.

Aage no contestó. Observaba el cuerpo debilitado y tembloroso de Finn. Era cierto, era viejo y tembloroso, de su rostro colgaba la piel de un modo que sólo era privilegio o de los muy viejos o de los muy sabios y Finn tenía ambas cualidades.

— Lo lamento, ha sido más mi emoción que el sentido común lo que me orillo a despertarle porque, creo, que es importante éste momento, supongo que más para usted al ser el descubridor de ellos.

Finn tomó el jugo de aminoácidos, su lengua envío una señal al cerebro causando que las pupilas se dilataran como señal de regeneración de las funciones corporales aletargadas. Su corazón comenzó a latir con regularidad mientras que su presión sanguínea aumentaba, sus músculos comenzaron a tonificarse mientras su cuerpo comenzaba a eliminar las toxinas. Finn acudió lo más pronto posible al depósito de deshechos orgánicos. Aliviando sus necesidades regresó con Aage con bríos éste disfrutó observar.

— Gracias muchacho, lo aprecio, lo anterior sólo era el habitual mal humor de quienes disfrutamos dormir más allá de lo normal. Por otra parte, yo no soy descubridor de ellos, se sabía de su existencia gracias a las reliquias que hemos encontrado en diversos mundos, más de cuarenta cabe decir. Quizás de aquello que sí puedo jactarme es sospechar la localización de su mundo nativo, ese misterio siempre me atormentó durante muchos años, me costó tanto que no tengo nada, sólo esta expedición, ésta vieja nave que la federación me asignó con miles de condiciones y apenas combustible…

Finn se detuvo. Aage supo el motivo pero no tuvo ninguna recriminación, se sabía un arqueólogo muy por debajo de las capacidades de Finn pero era de los pocos que compartía su pasión por ellos, por aquél pueblo maldito del que nadie quería saber más nada.

— No se preocupe, entiendo que le han limitado los recursos, sobra decir que tiene en mí a un fiel colaborador.

— Lo sé muchacho — contestó Finn observando por la ventana la negrura del espacio ante ellos.

Aage manipuló los controles para hacer una revisión de los propulsores, cantidad de combustible y el sistema de circuitos, todo lo necesario para descensos programados o de emergencia; el protocolo era necesario para que la bitácora registrara los procedimientos en caso de que los auditores de la federación quisieran saber si los recursos fueron utilizados eficientemente.

Finn se acercó a su asistente con un grueso libro en la mano, libro que había escrito pocos años antes.

— En realidad — dijo hojeando casi al azar entre las miles de páginas — sabemos poco más allá de los eventos que todos conocemos. Nos hicieron la guerra sin motivo alguno, nunca hubo comunicaciones oficiales ni extraoficiales y los prisioneros que estuvieron en nuestro poder eran en extremo agresivos, la mayoría de ellos optaron por el suicidio a pesar de la amnistía que les ofrecíamos, quizás no logramos hacernos entender, probablemente nuestro aspecto les resultaba monstruoso así como el de ellos a nosotros pero nuestra hostilidad era contra sus ejércitos no contra los individuos rendidos. Los mandos de la federación estaban convencidos que su invasión fue debido a la conquista de recursos y el exterminio de las especies dominantes de aquellos planetas que encontraban, pero esos militares no consideran otros aspectos, sólo ven enemigos en los extranjeros y miden la capacidad de una especie mediante su poder destructivo, no, yo tuve otra opinión que nunca pude compartir porque en primera instancia la guerra terminó hace más de trescientos años y porque cesó como empezó: sin motivo alguno.

»El desconcierto de la federación fue temporal ya que urgencias más inmediatas requerían la atención y los esfuerzos, en eso estoy de acuerdo, la devastación fue casi total, nuestros infantes fueron enviados a planetas lejanos para segurar la especie, tú, como ellos, fueron criados en esos mundos bajo la premisa del combate, es por eso que saliste entrenado como capitán de naves y como arqueólogo. Lo segundo más como una opción derivada de la vocación, lo primero era obligatorio. Quizás en esos tiempos pudiste ser un valeroso héroe como aquellos que han sido olvidados. En fin.

»Lo que siempre sospeché, dados los datos que he recopilado, es que sus ataques contra nosotros no eran motivados por una necesidad de recursos, o al menos no como una premisa, sino que había otro motivo que los nuestros no pudieron considerar, quizás por el tiempo que no tenían o quizás por el incesante fuego que cubría nuestra atmósfera cada día durante setenta años. Una vez que la paz llegó, nadie parecía interesado en saber más de ellos, de donde venían, quienes eran, aprender de su tecnología no fue importante pues teníamos casi el mismo nivel de desarrollo que ellos. Tenían conocimientos muy avanzados sobre los viajes mediante el factor del corrimiento al rojo y demostraban una organización eficiente, casi perfecta como la de algunos insectos de nuestro mundo. Pero no eran insectos, ellos no invaden, no aniquilan sólo el casos muy excepcionales y uno de ellos es lo que siempre he sostenido como motivo de esa guerra: la desesperación.

Finn hizo una pausa para observar por la ventana del puente. Aage contenía el aliento mientras ambos observaban el planeta que comenzaba a aparecer ante ellos. Era un planeta que a la distancia mostraba un brillante color naranja, producto del hierro oxidado que predominaba en la composición de su suelo.

— ¡Ahí, Aage, ese es! Siempre supe que tendría ese aspecto. Ese mundo alojaba a eso guerreros que casi nos aniquilan. Estoy seguro que podremos recuperar más datos y objetos de ese planeta, sabremos por fin sus motivos, estoy seguro de ello. ¿El combustible está en niveles óptimos? ¿Aage?

Aage reaccionó ante la pregunta, saliendo de su estupor contestó.

— Todo está en orden, tenemos luz verde.

— Bien, llegaremos pronto.

— Escuche, Finn, tengo una duda.

— Dime.

— ¿Cómo se denominaban a ellos mismos?

— No lo sabemos, no lo sé. Sin embargo, al observar las grabaciones que aún tenemos de los interrogatorios a los prisioneros, se repiten tres vocablos que nunca pudimos traducir, en realidad, nada de su lengua pudimos comprender. Pero lo natural era pensar que se estaban nombrando a sí mismos, de algún modo se estaban presentando ante nosotros como conquistadores enunciando el nombre de su raza.

— ¿Cuáles eran esa palabras?

— No tengo la certeza de poder pronunciarlos bien, era muy complicado escucharles, mucho más imitar esos sonidos pero eran algo similar a…

Finn aclaró su garganta y comenzó a hacer un ruidos que para Aage eran incomprensibles y atemorizantes:

— ¡Sssomossss umanossss, ayuda!

Aage accionó un control de propulsión mientras sus escamas cambiaban de color debido al estremecimiento.

Fin