La dictadura de la democracia

“La democracia no puede consistir sólo en elecciones manejadas por terratenientes y políticos profesionales”

Ernesto Guevara de la Serna

“La democracia no es ir a votar, es contar los votos”

Tom Stoppard

“La diferencia entre la democracia y la dictadura es que en la democracia primero votas y luego obedeces órdenes. En la dictadura no pierdes el tiempo yendo a votar”.

Charles. Bukowski

La única vía permitida que existe actualmente para que una persona demuestre su insatisfacción con la forma en que sus gobernantes proceden es la electoral. Cada tres años los ciudadanos tienen la oportunidad de ir a las urnas y elegir una de las opciones que son impuestas por los partidos políticos para dar continuidad a los problemas que el ciudadano está interesado en que se resuelvan. Una vez que su voto es contado, el ciudadano deja de ser una prioridad en la atención del político y la opinión de quien votó se convierte en algo irrelevante o peligroso en ciertos casos. De modo que eso que algunos llaman “democracia” no es más que un ejercicio de simulación donde lo que parece ser más importante es darle sentido a una institución mediante la participación ciudadana, porque, de no ser así, no tendría sentido su existencia.

Por esas razones es muy importante para la clase política hacer partícipe (o cómplice) a la clase trabajadora en la responsabilidad de elegir “representantes populares” ya que, de salir mal el presunto ejercicio democrático, las culpas pueden repartirse en igual medida aunque las consecuencias de una «mala» elección las paga únicamente el pueblo.

No parece ser un sistema justo, equitativo, plural e incluyente eso que llaman “democracia”. Pareciera más bien un sistema diseñado para evitar el disenso en la opinión y en la libertad de elegir una forma de gobierno que emane del pueblo y no un ejercicio donde el pueblo es tratado cual ovejas cuya única libertad es elegir el redil donde pasarán el resto de sus vida.

¿Acaso eso que llaman “democracia” no es más que una dictadura? La dictadura (cualesquiera que usted guste usar de ejemplo) se caracteriza por la propaganda que apela por la uniformidad del pensamiento, donde la diferencia es castigada aún cuando ésta se trate del fuero interno de las personas. De modo que la democracia cumple este requisito pues el sistema, como los promotores demócratas, no aceptan otro modo de expresión popular y fuera de ese ámbito las actitudes contrarias son calificadas hasta de criminales.

La dictadura apela a los sentimientos y la unión pero dentro de un sistema de valores, un sistema de valores donde lo más importante a proteger es la vida institucional (o sea, el gobierno) ligando esa existencia corporativa al bienestar del pueblo cuando los vínculos entre ambos son tan difusos que apenas hay relación. Dicen los “spots” que la democracia se construye con la participación y eso es reducir las acciones de la sociedad a un mero espasmo de opinión ya que en un escenario ideal la democracia sería la última consecuencia de la participación popular, siendo primordial la imposición de condiciones dignas para la vida y el trabajo del pueblo con lo cual, a la postre, se tendría no una democracia de discurso sino participativa comenzando en el modelo de producción donde la clase trabajadora sería la gobernante. Pero dentro de una dictadura, o democracia, sucede lo contrario, la participación popular se reduce al mínimo, pero para darle un sentido de exagerada importancia, el gobierno hacen ver las elecciones como la cumbre de la acción ciudadana.

¿Negarle el voto a la oposición me hace cómplice del régimen? De ninguna manera y quien afirma que así es tan sólo demuestra un fiel apego y sumisión a la institución como la rectora universal de las vidas de los hombres. Quienes intercambian la ética personal por un falso sentir democrático con frecuencia acusan, antes de tiempo y antes de la derrota electoral, a los abstencionistas de ser los causantes del desastre al no elegir a su opción política “diferente”; sin embargo es fácil demostrar que se es una opción diferente por la cual acudir a las urnas ya que por esos medios, hombres diferentes con actitudes diferentes se presentaron a elecciones y fueron electos, como Evo en Bolivia, Chávez en Venezuela o Mujica en Uruguay. Aquí no tenemos esa clase de hombres diferentes por quienes renunciar al abtencionismo (aunque desde los círculos progresistas tengan la noción de una especie de génesis espontánea de grandes líderes sólo cuando hay elecciones) y cuando los tengamos quizás, sólo quizás, acudiremos nuevamente a las urnas. Mientras tanto sólo nos queda asumir la responsabilidad de no alimentar a una dictadura cuyo beneplácito es ver a sus dominados ir a las urnas puntualmente para sufragar por las opciones de siempre.

Opinar, hablar, decidir, disentir, son actitudes que no dependen de un sistema ni es necesario una credencial para votar para hacerlo.

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