Me gusta la distopía, pero sólo leerla

¿Dónde quedó la Soma?


Han sido tantas las historias que he leído acerca de los peligros que representan el totalitarismo, las dictaduras, las democracias impuestas por los imperios que logré desarrollar un gusto por la decadente visión de un mundo subyugado por las fuerzas del “orden por encima de todo”. Sin embargo me resulta irónico que las distopías descritas en los clásicos se van cumpliendo como si fuesen nuestra mayor aspiración como sociedad o como especie. En los años ochentas era común ser influenciado por las historias pesimistas sobre el peligro de una fuerza opositora al dominio occidental pero compensadas por fabulosas promesas de un mundo plagado de fiesta, música, modas y éxito personal. La condición era la misma de siempre: someterse al miedo y dejarse “proteger” por una pandilla de desinteresados que ostentaban (como ahora) el poder y el destino de millones de personas.

Los estados policiacos son una realidad que priva en la mínima expresión y es visible para todo aquél que levanta la vista de su hoja de instrucciones y su redil designado. No tenemos más derechos que aquellos que nos son otorgados por la gracia de la democracia dirigida, no tenemos un futuro más que el aprobado por las grandes economías que deciden con metadatos cuántos millones tendrán una vida medianamente tolerable y cuántos millones más serán sacrificados bajo el nombre del progreso y las ganancias. La maquinaria que nos somete ya no depende de esfuerzos comunes como sucedía en la revolución industrial, ahora los engranes son diminutos, imperceptibles, de fácil fabricación y reemplazo, diminutas piezas que hacen funcionar la maquinaria pero no generan dependencia como lo haría una enorme y sofisticada pieza; esos diminutos engranes somos nosotros: rozando unos contra otros, aliviando la fricción con placebos, créditos, televisión, éxitos del verano, películas insulsas, promesas, elecciones, una identidad que depende del consumo porque fuera de él no somos más que deshechos, detritus orgánicos de una enorme máquina inorgánica.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Morf0’s story.