Retro review: Seven

Comenzaré con lo obvio: una película que con el tiempo se va haciendo cada vez mejor.

El detective ascético, William Somerset (Morgan Freeman), lleva la historia por los sinuosos caminos de los infiernos dantescos en un escenario reconocible: la gran ciudad a mediados de los años noventas. Con un poco de Virgilio sobre sí mismo, Somerset devana los misterios involucrados en los terribles asesinatos que tienen la constante de ser inspirados por los 7 pecados capitales. El novato detective David Mills es asignado a los casos luego que Somerset se niega a participar pues su retiro es inminente y no quiere que un caso de ese tipo sea el último en el que participe. Somerset no desea que un caso así sea el último de su carrera pero más allá del especto profesional sugiere que su motivación es más profunda al tratar de proteger en sí aquél pedazo de su alma que sigue deseando la paz, alejada de los crímenes sin sentido y la violencia.

Qué difícil es concebir hoy una obra de narrativa policiaca (incluso con la ayuda de elementos visuales y sonoros) sin la presencia de la tecnología que hoy domina nuestras memorias (sin internet que todo lo resuelve, sin redes sociales, sin teléfonos celulares, la mayor tecnología que se aprecia es apenas un fotocopiadora). El detective Somerset goza de un bien dotado acervo cultural con el cual enfrenta los oscuros y casi indescifrables predicamentos que el asesino serial va dejando en cada escena. Las citas a los clásicos de la literatura, si bien escasos, son poderosos y pertienentes, incluso se expresa un repudio por ellos pero es la modernidad quien los rechaza a ellos, sus valores y legados en la voz de Mills quien en un arranque de impotencia llama a Dante “poeta maricón”; esa es la modernidad clamando por la inmediatez de soluciones, reclamando la sencillez del comando y la respuesta, la nula inversión de esfuerzo y el clamor por tener todo y tenerlo ahora. Pero no es Somerset un filósofo clásico errante viviendo en un barril, tampoco busca hombres honestos pero sí reconoce el cinismo sin llegar a ejercerlo, “La apatía es lo más fácil, es más fácil robar que trabajar, es más fácil golpear a un niño que criarlo…”, él también es un hombre de la modernidad pero sabe cual es su función dentro de ella a diferencia de Mills quien no comprende y por ello desciende al infierno por voluntad propia, sin resistirse al no concebir otra realidad.

La lluvia es un personaje más, está presente casi en cada escena en que los detectives están en contacto con la muerte, ¿de dónde proviene esa agua que parece lavar los pecados que comete el hombre? Una explicación metafísica involucraría la presencia de un dios pero sería un recurso un tanto simplista, entonces sería necesario remitirse a la misma obra de Dante:

“ Estoy en el tercer anillo de la lluvia
 eterna, maldita, fría y grave:
 su ritmo y calidad no cambia nunca.”

Mientras llueve en el tercer círculo, cerbero ladra y gruñe a los que están hundidos en el fango, el asfalto de la ciudad hunde a sus habitantes en la lluvia estancada, en los callejones sucios mientras el cerbero terrenal, John Doe (Kevin Spacey), ladra, gruñe y muerde a los pecadores por debajo de él.

¿Qué hay en la caja? Nada semejante a la esperanza, no en ésta caja. En ella, y fuera de ella, solamente hay desolación y más muerte. Somerset creerá tener en sus manos las vidas de otros pero es en realidad Mills será quien, sin saberlo, empujará a todos a otro círculo del infierno. En ésta escena no hay lluvia, el sol radiante y el cielo despejado reemplazan los tonos grises y húmedos del resto de la película, no hay lluvia porque no hay muerte en ese lugar, hay sol porque habrá una transición a una forma distinta.

John Doe es quizás uno de los villanos mejor logrados en la historia del cine; el espectador es testigo de su obra, la cual habla por él. Salen sobrando los discursos de sus motivaciones, no es necesario que le veamos en su oscura vivienda escribiendo sus pensamientos sicóticos como tampoco lo es estar observando cómo mutila a sus víctimas, lo que necesitamos saber de él es únicamente su obra y nada más. Cuando se revela de cierto modo ya le conocemos de una casi forma íntima, no es un desconocido a pesar de sólo mostrarse unos pocos minutos en la película. Su genio y locura va más allá de su presencia, trasciende.

La fotografía no es sublime pero es un trabajo sumamente cuidadoso. Cada uno de los homicidios es visto desde una toma superior, como flotando por encima de todos, mientras que los detectives son mostrados a ras de suelo, a veces en contrapicado, diminutos, pequeños hombres. Tal parece que la película es mostrada desde un punto de vista que minimiza al hombre a meros insectos. ¿Nuevamente tendremos que justiticar la presencia de una divinidad que nos mira displiciente? Me resisto a pensarlo aunque tal parece que esa es la intención del director.

Seven (IMDB)