Despegue


No es una razón, es una sensación, el cuello de la camisa, me aprieta como si fuera acorbatado con un cuello Berlín. Voy en camiseta

Me vuelvo a despertar, aún quedan cinco horas para aterrizar en Los Ángeles.

»¿Señorita, me puede servir otra botellita de ese vino que pone Shiraz en la etiqueta?»
Vuelvo a dormir, no sé qué me inquieta.

Creo que debo estar sobre Texas, la luz alumbra la pantalla de mi Ipad que ahí sigue desde que salí de Madrid, mi camiseta empieza a resultar lamentable por los cambios de temperatura y como si estuviera en un tren de larga distancia, mi acompañante, ahora, es otra persona.

Paulina.

-Parece que estamos llegando, ¿se queda en LA?

Es una pequeña mujer, de pelo ralo, uñas prominentes que acompañan unos poderosos dedos que atusa su barbilla ante cada frase que va a comenzar.
Su español es rudimentario, pero me ha pedido utilizarlo, cree de falta de uso, esta pequeña mujer polaca que tuvo de sus años de vino y rosas junto con un apuesto cubano, no quiere perder la lengua que es memoria de su marido.

Dígame, usted. Me dijo mirándome con una ligera vivacidad maliciosa de la niña que fue hace ya bastantes años hace. – ¿Qué hace usted en la vida?
- Soy abogado, aprovecho este viaje de trabajo para profundizar en mi verdadera pasión, el vino. Tengo unas visitas concertadas y quiero disfrutar de las joyas que crecen y maduran e en el corazón de este Estado pionero y después tengo una semana de Convención
- Curioso –dijo ella-. Yo tengo una pequeña plantación cerca de Carcasona, soy historiadora y quise estudiar la revuelta albigense hasta que llegué a enamorarme de esa tierra y de todo lo que produce.
- ¿y produce, vino?
- Si, pero de consumo casi familiar, utilizo unas técnicas un tanto heterodoxas y aún no he conseguido estabilizarlo. Poco a poco. Mientras hayan grandes productores que hagan lo mismo que yo por una vigésima parte del precio, será difícil, pero ya veremos. Aun, este libro no está acabado.
- ¿Qué técnica?
- Está fundamentada en las ideas del Doctor Masary Emoto

Cuando volví a mi asiento. Tenía una tarjeta. PhD Paulina Wilks, su única credencial, una dirección de red social: @mov_mukden
Por una extraña razón. Tomé la tarjeta.

LA te alumbra con una fuerza que hace difícil poder saber dónde uno está, el fuerte acento marcado, del inglés de la agencia de alquiler de coches me resulta inabarcable y aunque el inglés es mi idioma de trabajo, los sudores, el cansancio empieza a mellar mi buen carácter.

Pero Ramón lo arregla, le caí en gracia y casi me ofreció un trabajo por la paciencia que tenía. Me cambió la reserva y ahí estaba yo. Un Camaro. La C1 por delante y California frente a mis ojos.

Rumbo a Buelton (CA)

Casi no llego a mi examen final, odio los exámenes orales, tiemblo y el léxico se acorta un cuarenta por ciento, así que soy como una hoja atontada al principio del otoño. Entro en el despacho del Catedrático y una mujer, agitada, nerviosa y firme, me da la mano, disculpa al Catedrático. Ha tenido que ausentarse. Adoro el acento que tiene.

Para empezar confundo millas y kilómetros así que el camino a Buelton se alarga y además la velocidad es ridículamente baja.

Si algo tiene EE.UU. es que parece que eres un extra de una producción de Hollywood, los policías, los tenderos, todos hacen el papel que les hemos visto hacer desde pequeños y mi ligera suspicacia sobre el sistema hace que agradezca ser un español con poca pinta de latino, sinceramente, mejor.

Llego a la espaciosa habitación que está a ras de suelo y con una amplia zona de suite, donde podré trabajar apuntes. Me molesta que el Wi-Fi sea libre, así que me tomaré mis cautelas.

Al final, soy abogado.

Mi Twitter está atestado de avisos, entre que soy activista, abogado, muy político y discuto sobre las apreciaciones de mundo del vino, me cambio de cuenta cada año. Es como un pequeño divorcio que da mucha alegría

Me siento en el sofá y me surge la memoria de la encantadora mujer que durante treinta minutos acompañó mi vuelo:

@mov_mukden: Vuelo a LAX. Nada es lo que parece

No lo entiendo, es el primer tuit, no sigue a nadie, nadie la sigue. Es 6 de octubre de 2014, horas antes de que el avión despegara de Madrid. Y parece que es para mi. En su descripción me dice: “le dejé mi tarjeta”.

Un cierto escalofrío me recorre, soy activo en redes sociales pero siempre con pseudónimo, con fotos absurdas y los abogados especialistas en vino no salimos en ningún medio, salvo si te apellidas “Parker”

Mi pequeña hija de 3 años parece que me reclama. Tengo tres amores y dos de ellos apenas llegan a mi rodilla así que cuando ella me llama, siempre acudo. Su nombre significa pequeña brizna de hierba. Como ella.

De nuevo me vuelvo a centrar, cabilo y no sé dónde estoy, recuerdo el hotel y sigo con ese tuit delante de mi:

@mov_mukden: Vuelo a LAX. Nada es lo que parece

Me abriré un nueva cuenta @WilksflyingtoLAX, quizás podremos reírnos.