Coma inducido

¡Ambulancia #43 trasladando paciente bajo ECV, pocos signos vitales, no responde, en vía al Domingo Luciani, cambio!

Copiado 43, cambio y fuera.

Alberto había sufrido un ACV, aunque el personal médico todavía no lo descubriera. Hemorrágico, para más señas. Los doctores recibieron al individuo en la Emergencia del famoso hospital del Este de Caracas y lo internaron enseguida en Terapia Intensiva. El pronóstico no era nada alentador. Al descubrir el vaso sanguíneo roto, dieron parte a la persona que lo acompañaba y procedieron a inducirle un coma, para frenar el daño cerebral.

Lo descubrió Ana, la dueña del apartamento donde vivía luego de un fuerte ruido que le despertó la curiosidad. Trató de despertarlo y al ver que no reaccionaba, llamó de inmediato a un servicio de emergencias, donde le dijeron que debía esperar una unidad, ya que no tenían disponibles. 45 minutos pasaron cuando la ambulancia con el #43 rotulado se llevaba a Alberto al nosocomio. Ana lo acompañaba, y en el camino llamaba a la madre del vegetal.

Ya en el hospital, luego de recibido el primer reporte de la situación el cual ponía las esperanzas bastante a raya, llegaba la mamá de Alberto. Con lágrimas en los ojos, recibía la parte médica de boca de Ana. Ambas se abrazaban y lloraban. A los pocos segundos, comenzó la retahíla de oraciones y rezos. Al mismo tiempo, iniciaba la búsqueda frenética de medicinas que el hospital no poseía. Ampollas, gotas, sueros y hasta pañales para adultos conformaban la larga lista.

Entubado, Alberto yacía en el colchón de aquel hospital. Sin respuesta alguna, sin que nadie, ni doctores ni enfermeras supieran si lograría volver. Su condición era grave, y nadie sabía del profundo estado de depresión en que Alberto se encontraba. Ni su mamá, ni Ana y sus amigos no sabían de ésta situación. Su teléfono se había quedado en el apartamento, pero esto poco importaba.

Qué sensación tan extraña. Estoy vivo pero no, muerto pero no. Estoy en el limbo, qué increíble todo esto. Nunca pensé que alguna vez me encontraría acá, en esta situación. No es tan mala, en realidad. Probablemente no salga de esto, y francamente me parece lo mejor. No es mala forma de irse, no siento dolor al menos…

Segundo reporte: Alberto no respondía a los fármacos, su condición empeoraba. Si seguía así, no habría nada que hacer. La Medicina estaba atada de manos, todo dependía de la voluntad de vivir de Alberto, algo que la ciencia no podía controlar. Su mamá lloraba y le pedía a todos los dioses que no se llevaran a su hijo, que no se lo quitaran tan joven, que le faltaba tanto por vivir.

¿Para qué querría volver? Aquí estoy bien. Lejos del dolor, de la tristeza, de la soledad, del vacío que siento a diario. Aquí no siento vacío, no siento nada malo, siento más bien una profunda calma, una tranquilidad absoluta y me gusta, me hace falta. Estoy cansado de pelear y pelear con esta maldita depresión, ya no, aquí ya no tengo que preocuparme de nada. Aquí ella no me hace daño, aquí ella no puede lastimarme, ni lo que me dice a mí, ni lo que le dice al siguiente…

Tercer reporte: Sus órganos comenzaban a fallar. Cambiaron los medicamentos por otros más fuertes y hubo una ligera respuesta, pero luego empeoró. Alberto no deseaba regresar, se estaba dejando ir. Su mejor amigo se había enterado de la situación y estaba en camino a Caracas. A las tres horas y media llegaba al hospital. La mamá de Alberto lo recibía con las malas nuevas: Alberto moriría dentro de poco.

¡No! ¡No quiero regresar! ¡Déjenme solo! Aquí estoy bien, aquí nadie puede hacerme daño. Aquí no me duelen sus traiciones, las decepiones, aquí no me alcanza el dolor. No quiero más dolor, ¿por qué es tan difícil de entender? Aquí estoy bien, lejos de ella… ¿por qué tengo que regresar? Si al final, solo regresaría a mis andanzas, a buscarla, a que me patee, a que se burle de mí, a que me engañe y que luego me entere… No, ya no más… ya no más…

¡Coño, el carajo entró en paro! ¡Muévela coño, prepara el desfibrilador! Dale, dale, pásamelo, móntale adrenalina. Coñoesumadre, este carajo no reacciona, dale chamo, ¿qué pasa pues?

Nada, doctor, se nos fue. Hora de la muerte: 6:57 pm

Señora María, lamento informarle que su hijo acaba de fallecer. Entró en paro cardíaco y fue imposible revivirlo. Lo siento…

La escena era de terror. La madre de Alberto se quebró, mientras se agarraba el corazón. Su mejor amigo, con la cara roja y llena de lágrimas la tenía abrazada. Ana también lloraba en un rincón. Su hermano no había alcanzado a salir del otro estado donde vive y estaba reventando el teléfono de su mamá.

Coño mamá… qué egoísta fui. Lo siento mi vieja, pensé solo en mí. Perdóname, sé que ahora te transmito este dolor, desde aquí lo siento. Pero tranquila, aquí te estaré esperando. Siempre con los brazos abiertos para que estemos juntos una vez más. Daniel, mi amado amigo. Mi hermano del alma, qué lástima que nunca me pude ni siquiera despedir. Anita, tan bella, gracias por tanto chama. Perdónenme todos, porque sé que los defraudé, pero no podía más. Espero que me puedan entender, así sea en un futuro. Los amo.
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