Esto es una pérdida de tiempo
Abner no sabe de qué escribir. Ha tenido ideas revoloteando en su mente, pero ninguna se siente lo suficientemente buena al momento de sentarse a escribir. Teclea algunas líneas, pero las borra luego de ver hacia dónde se dirigía la historia. No le interesa llegar allí. No, él quiere otra cosa aunque no sepa a ciencia cierta qué es. Se siente mal, pero no lo dice. Quiere drenar escribiendo, quiere desahogarse.
Se le ocurre una idea. Pero no le parece suficientemente buena. Comienza a escribir acerca de sí mismo, con su propio nombre. No es muy común en él. La idea le sigue pareciendo pésima pero sigue adelante. Percibe que alguien más escribe sobre él. Escucha un teclado a lo lejos, como en el fondo, pero asume que es el suyo. Se siente observado. Voltea hacia la pared, pero no hay nada. Sigue escribiendo.
Decide escribir sobre sí mismo, mientras redacta un post en su propio blog. Teclea una línea donde describe en pocas palabras sobre lo que está escribiendo. Luego teclea otra donde se refiere al hecho en tercera persona, como si fuese alguien más quien lo ve. Precisamente, la sensación de ser observado. Latente. Voltea una vez más pero no ve nada.
¿Qué pasa? ¿Por qué no se me ocurre nada bueno?
Decide seguir escribiendo sobre sí mismo, redactando éstas líneas (¿cuáles? ¿Por qué escribió “éstas”?) donde dice que no se le ocurre nada bueno. Está cansado, agotado y deprimido. Está harto de su depresión, de sus altibajos, de sus cambios de ánimo y de sus constantes molestias. Siente que detesta al planeta entero pero también detesta la soledad. Abner escribe unas líneas en el texto donde explica cómo se siente, probablemente tratando de entender por qué no le llega ninguna idea lo suficientemente buena para desarrollarla.
Arruga el rostro y decide terminarlo con una línea que dice: “Escribir es complicado”. La coloca como cita, como si lo hubiese dicho en voz alta.