L’écho de son esprit
No me preguntes a mí, pregúntale a él.
Macedonio sigue viendo la rosa. En el piso, con algunos pétalos sueltos pero con su hermosura intacta. Su mirada sube hacia Galatea. Está profundamente enamorado de ella, y no puede evitarlo. ¿Quién puede, a todas estas?
Mientras tanto, Galatea vive sus días con sus noches acompañada de su pareja. El nombre no es importante, o al menos eso cree firmemente Macedonio. El ardor en su pecho al ver a su amada en brazos del otro, el dolor en sus huesos al divisarla en su residencia tan lejana todavía lo carcome.
Macedonio es un hombre desesperado. Odia su vida, y lo hace por ese amor no correspondido. Lo que ustedes no saben, lo que nadie sabe, es que él y Galatea compartieron algunas veces. La cama y demás espacios ardían de júbilo y placer cuando eran usados para tales actos. La lujuria se podía palpar en el aire. Pero luego todo cambió. Galatea se alejó y no volvió.
Macedonio se rompió ese día. Como ningún otro hombre se había roto antes, él se resquebrajó como el más delicado cristal. Y es que él amaba profundamente a Galatea, su piel, su cuerpo, su aliento, su calor. Todavía lo hace, aunque ya esa piel, ese cuerpo, ese aliento y ese calor se encuentren a sí mismos en brazos de otro. Un tercero, cuyo nombre no viene al caso.
Macedonio es un hombre desesperado. Como todos aquellos a los que el amor ha despedazado. Como todos aquellos que se han adentrado en ese agujero negro, del cual no han podido escapar. Todavía ve al firmamento, pidiendo que regrese su amada, pero en su interior sabe que no lo hará. Se sabe perdido, se sabe vencido. Oh, terrible Galatea, ¿qué has hecho con este hombre?
Macedonio se tortura a diario, se pierde en sus recuerdos, en sus memorias. Pero Galatea, tan orgullosa no vendrá. No regresará. No volverá. Ella se juró a sí misma que no regresaría, que no volvería a los brazos de Macedonio aunque fuese lo que más quisiera en el universo.
Nadie sabe todavía el final de Macedonio, pues él mismo no lo ha escrito. ¿Y quién soy yo para escribírselo?