Perspectivas

Ya va, pero, ¿cuál es el peo con que yo escuche Juan Gabriel? Es mi placer culposo pues, pero es MÍO. De nadie más. Ay sí, ustedes escuchan casi que El Chichicuilote y yo no digo nada. ¿Me van a venir a putear porque yo escuche a Juanga? Nojoda. Dime cuando tú, dime cuando tú vas a volve-e-e-e-er. Ja ja, qué vozarrón la de este tipo. Marico, ¿cómo no les puede gustar Juanga, si es lo máximo?

¡Bachiller! ¡Me hace el favor y mientras esté en mi salón de clases, me respeta y se quita los audífonos! Si no le gusta la clase, ahí está la puerta.

Ya ya, relajao’ pure. Ya me los quité. Siga dando su clase. Como si hablar por una hora y media de Teoría Literaria me fuesen a servir para algo. Li tiiríi litiririi ni ixisti, bah. Viejo pendejo. Verga, esta franela sí me pica. Creo que es el diseño de la espalda, que se está pelando, qué ladilla. Odio esta clase de mierda. Esta chama de al lado sí me gusta, verga, párame bolas, maldita fresa. Qué rica está, pero qué va, esa jamás me pararía bolas.


De verdad que Foucault era un sabio. Imposible no hablar de él, de su obra, y o terminar hablando del estructuralismo. Eso es lo que quiero, invadir las mentes de todos estos imberbes, y tratar de sacar lo mejor de ellos. A ver si dejan de pensar en esa música detestable que escuchan ahora, y los contagio de formalismo ruso y semiótica.

¡Bachiller! ¡Me hace el favor y mientras esté en mi salón de clases, me respeta y se quita los audífonos! Si no le gusta la clase, ahí está la puerta.

Increíble. Están en la universidad, y se siguen comportando como vikingos desfasados de su tiempo. No tienen respeto por nada, ni el mínimo interés. Niños crecidos al fin. Dígame este… se le notan en la cara los veintitantos y ahí está. Escuchando su musiquita infernal en plena clase, cuando desarrollo temas tan importantes. Qué insoportable. Lo andrajoso se le sale por los poros, qué terrible educación.


Dios mío, ¿hasta cuándo esta tortura? ¡Auxilio! Y pensar que esta clase dura 3 horas y apenas vamos matando la primera. No no, esto tiene que ser un castigo divino. Juro que si escucho una vez más a este viejo verde suspirar de placer pronunciando “Fucólt” voy a vomitar. Me estoy durmiendo. Y esto va al examen, no puede ser, estoy desvariando.

¡Bachiller! ¡Me hace el favor y mientras esté en mi salón de clases, me respeta y se quita los audífonos! Si no le gusta la clase, ahí está la puerta.

Ay pero, ¿qué tanto? El crimen de la vida pues. Por lo menos estaba escapando de esta tortura, suertudo él. Qué lindo este gordito, no me había dado cuenta. No sé si es su franela negra de monstruo, la mirada de odio o qué. Estoy tan cansada de los pavi-perros que me atacan siempre, con sus Merú ridículas, no no. Seguro si acabo los trapos con éste, gozo el triple. ¿Qué habrá estado escuchando? Seguro alguna de esas bandas locas que los metaleros escuchan. Ojalá me hablara, seguro se la terminaría dando hoy mismo.

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