Fragmento II

Terminé por comprender que aparte del viento, nosotros éramos los únicos orígenes del resto de los sonidos emitidos en esa inmensidad. A falta de más semejantes a nosotros, podíamos ser cualquier cosa. Cuando nos movemos somos sonido, un ruido seco que nadie escucha. Podemos ser el eco de palabras pronunciadas hace mucho tiempo. El sonido de un disparo cargado con una vida. O un grito de dolor, aunque fue el miedo el que nos definió desde que tomamos conciencia. Definitivamente de ser sonido, seríamos el eco de un grito de terror.

Pero el sonido no tiene rostro, ni piernas, ni brazos. Estoy seguro que el sonido carece de forma alguna, y de tenerla, no sería la forma inerte encogida que tenía frente a mí. Quise tomar su rostro entre mis manos, impedir de alguna forma que esa paz escapara de él y hacerla permanecer aún al final y al inicio de los días, y a lo largo de las noches. Quise hablarle a su corazón, apelar a su valor y convencerlo de seguir latiendo con la calma con la que latía entonces, aun cuando los que nos acechan regresan para aniquilarnos. Presté atención a ese latir indiferente y deposité parte del resto de mi valor ahí donde más tarde se albergaría la incertidumbre. Porque el origen del miedo es la incertidumbre. Es ella la que se vale de brazos ajenos para dirigir el caos. La incertidumbre se refugia en la oscuridad. La incertidumbre es tener los ojos cerrados. Es no tener noción. Es no saber qué hay detrás de una frontera y aun así tener que cruzarla. Y la ignorancia la aconseja, le da valor, la alienta a echarse sobre los incautos. La incertidumbre los invita, los guía y les da armas, les da fuego, les da fuerza en la voz para ahogar la piedad. Sentí correr la piedad por esa tierra. Escuchaba sus pasos avanzar desesperados atravesándonos y la incertidumbre a su espalda. Empujada por la ignorancia, porque la incertidumbre no es tan fuerte, necesita quien la aliente. Esas dos pasaron también a través de nosotros y sentí frío y odio, sin embargo los pasos de éstas se escuchaban como los de toda la humanidad, la del pasado y la del futuro. Todos cegados corriendo detrás de su única esperanza para aniquilarla.

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