El Kiosko de Don Manuel

FÁBULA DE PERROS

Rigoberto y Doña Teresa, dos jubilados de la extinta Maraven y vecinos de San Antonio de los Altos, salieron esta mañana a caminar por su urbanización como todos los días. Como siempre y antes de salir, Rigoberto tomó su palo, el que usa para defenderse, repeler o mantener a raya a los perros con fama de agresivos que deambulan por el sector.

Jesús Andrés, su nieto mayor, salió a correr temprano y Doña Teresa le había pedido que los esperara en el kiosco de Don Manuel para que les ayudase a traer a casa unos encargos que ya tenían allí a la espera de ser recogidos.

Cercanos ya al kiosco, Rigoberto se aferra al palo con su mano derecha y con la izquierda acerca a Doña Teresa hacia él, como si tratara de protegerla de algo. Rigoberto señala con el palo a un lado del kiosco y le dice a su esposa que Catira está alli, que hay que tener cuidado.

Catira es una perra que fue abandonada hace dos años al lado del kiosco, y desde entonces Don Manuel y algunos vecinos se encargan de alimentarla y proveerle los cuidados mas esenciales.

La perra tiene fama de agresiva, ya ha intentado morder a dos vecinos y no han sido pocos los problemas que le ha generado a Don Manuel.

Al ver que la pareja de ancianos se acercan al kiosco, Catira se pone en alerta y sin mediar, sale en carrera y ladrando en dirección a los abuelos y en clara señal de atacarlos.

Rigoberto que ya conoce a la perra, amaga a pegarle con su palo y logra repelerla. La perra se escabulle entre unos matorrales, no sin dejar de gruñir.

Luis Manuel que acababa de llegar al kiosco se percata de la situación y como había leido en las redes sociales todo el atajaperro que se armó por la acción de Sumito Estevez contra los perros callejeros, entendió que era su obligación ejercer el derecho de defensa de Catira.

Luis Manuel había leido en Facebook los calificativos usados en contra de Sumito, consideró que los ancianos no eran merecedores de menos y de inmediato empezó a gritarle a los abuelos “¡parásitos, indignos, basura, gente tóxica!”. La actitud de Luis Manuel obedecía al trato que asi le daban algunos defensores de los animales a Sumito, y consideró que dado el ejemplo, ese era el modo en que se debe ejercer la defensa de los animalitos.

Rigoberto no acaba de entender el ataque de Luis Manuel, que seguía profiriendoles calificativos, esta vez si, de su propia autoría.

Jesús Manuel que ya había llegado al kiosco para encontrarse con sus abuelos se avalanzó sobre Luis Manuel y éste retrocedía, no sin dejar de insultar a los abuelos. Acto seguido, un puño impactó la cara de Luis Manuel, quién cayó al suelo sentado, raspándose las palmas de sus manos en su caida y silenciando la extraña defensa del animal.

Quienes pasaban por alli no acaban de comprender lo que hacia Luis Manuel y optaron por insultarlo y a gritarle que se fuera de allí, no sin pocas amenazas e improperios.

Rigoberto que aún temblaba por lo ocurrido, no podia menos que preguntarse que le había pasado a ese muchacho, que le conocía y era de buena familia.

Algunos curiosos que se acercaron durante la trifulca, tomaron fotos y las colgaron de inmediato en las redes sociales. Luis Manuel era ahora el objeto de las mas crudas críticas y ofensas por su accionar y puesto que, según lo había hecho en defensa de los perros, no hubo quien no aprovechase la ocasión para atacar injustamente a los que con un alto sentido humano, dedican parte de su vida al cuidado de los animales.

Entre los presentes que habían observado todo el espectáculo, se encontraba Miguel Delgado, vecino de San Antonio, quién con su clásico humor se acercó a Rigoberto y le pidió que le regalase el palo para dárselo a un primo suyo en Margarita, que había pasado roncha por no contar con un repelente de perros callejeros como ese palo.

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