
El lujo en la Coria Romana
Un estudio de la Universidad de Sevilla constata que la antigua Caura consumía “las cerámicas más caras del momento” y jugaba un papel “fundamental” en el comercio
Fernando Barroso
El peso de Coria del Río en su territorio es indiscutible y sus más de 30.200 habitantes censados en 2014 son buena prueba de ello, mientras su papel en la Historia no ha pasado desapercibido. En la localidad se alza la casa donde vivió sus últimos años Blas Infante, y en este municipio desembarcó allá por 1614 la misión japonesa a Europa liderada por el samurai Hasekura Tsunenaga.
Pero el papel de Coria como importante centro de desarrollo socioeconómico se remonta a mucho tiempo atrás, incluso a los siglos previos a nuestra era, como sostiene un reciente estudio promovido por el catedrático José Luis Escacena, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, junto a la arqueóloga María Teresa Henares y a Juan José Ventura, del Instituto de Patrimonio de Archidona (Málaga).

Esta investigación, titulada ‘Cerámica de barniz negro en la antigua Caura’ y editada en 2015, estudia 245 fragmentos de cerámica antigua descubiertos en 1994 durante unas excavaciones promovidas en la cima del Cerro de San Juan. En este cerro, que se alza hasta casi 27 metros sobre el nivel del mar, comenzó la primigenia ocupación humana que con el transcurso de los siglos dio lugar a la actual Coria, conocida como Caura durante las épocas turdetana y romana.
Los citados fragmentos de cerámica están datados entre la segunda mitad del Siglo V antes de Cristo y el Siglo I después de Cristo, tratándose según el estudio de “variedades de cerámica que estuvieron en uso y en el mercado de objetos de prestigio” en el mencionado arco cronológico. En concreto, los fragmentos rescatados del cerro de San Juan, hoy ocupado por un instituto de Educación Secundaria y un colegio público, se dividen principalmente entre “vajillas áticas” de la antigua Grecia e importadas entre los Siglos V e IV antes de Cristo desde los centros de producción de la “alfarería griega”, y piezas “itálicas” que llegaron a Caura a partir del siglo III antes de Cristo desde la península Itálica.

El trabajo sostiene que la presencia de “importaciones áticas” en la antigua Caura turdetana pone de relieve que la ciudad era “un centro de consumo con cierta prosperidad local derivada del comercio”, pues la cerámica ática “no es una mercancía generalizada ni un producto ampliamente distribuido”.
Más aún, tomando como referencia las “importaciones” de vajilla ática e itálica descubiertas en el antiguo asentamiento, esta investigación concluye que la antigua Caura gozó de “una larga etapa de prosperidad local en la que el comercio marítimo y la actividad portuaria alcanzaron un importante desarrollo”.
Un eje de comercio
“Caura fue una escala fundamental en el tráfico mercantil hacia el interior, principalmente de las manufacturas y productos helénicos”, sostiene el informe, según el cual la antigua Caura “era lo suficientemente próspera para permitirse adquirir las manufacturas de cerámica más caras del momento”, pues estamos hablando de “recipientes finos de barniz negro”, es decir “una vajilla lujosa” en aquellos tiempos.
Sobre los resultados de este estudio, el propio José Luis Escacena nos resume que entre los Siglos V y I antes de Cristo, el espacio donde estaba enclavada la antigua Caura “prácticamente formaba parte de la desembocadura del Guadalquivir”, con lo que la antigua población turdetana y romana tuvo una gran actividad portuaria y era “escala obligatoria” para el tráfico mercantil de la época. “Caura estaba al día de las modas internacionales del momento, como es el caso de la cerámica griega. Era un asentamiento por el que pasaba casi cualquier producto”, explica este catedrático de la Hispalense, según el cual los restos de vajilla descubiertos en el cerro de San Juan ponen de relieve que la antigua ciudad turdetana y romana contaba con una “clase pudiente relacionada con el comercio” que podía adquirir “productos muy caros”.
Las cerámicas áticas e itálicas, según argumenta, constituían “importaciones de lujo” de carácter un tanto “exótico” a las cuales “no podían acceder todas las clases sociales”.