Día 1

Nadie, nunca, te cuenta lo difícil que puede ser estar frente a un grupo.

Ser maestro es lo más reconfortante que he hecho en mi vida. Todos los días vives experiencias magníficas dentro del salón de clases, la recompensa que viene de enseñar va mucho más allá de algo físico, pero nadie me dijo lo difícil que podría ser.

No es complicado dar una clase, es el día a día. Se vuelve complicado después de convivir con tus alumnos, con tu razón para levantarte por las mañanas e ir a trabajar. Es difícil. Es difícil no el convivir con ellos, pero cuando tienes que tomar el papel de adulto, donde te duele lo que les pasa pero aún así tienes que ser firme en tus decisiones. Es como ser padre de 90 al mismo tiempo, mismo dolor y mismo cariño.

Hoy viví una situación muy difícil, un par de travesuras que se salieron de control. Tener que estar firme mientras veía como una de mis alumnas se arrepentía, muestra otros se indignaban, tener que mantener lo correcto a pesar de saber que no volverá a suceder, lo puedes saber en su voz al escuchar como se quiebra, en sus gestos de arrepentimiento. Me deban ganas de abrazarla y decirle que todo iba a estar bien, pero no podía.

Como quisiera que todo fuera lo bueno y que ellos entiendan que a nosotros, sus maestros, también nos duele lo que les pasa.

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