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Abro los ojos, el izquierdo noto que no responde igual, veo distorsionado y me duele, el acto reflejo es echarme la mano a la cara… no puedo, joder, no puedo, estoy esposado al volante de un coche.

Respiro e intento ver cómo puedo sacar las manos de aquí, no puedo, estoy atrapado, empiezo a tirar y mover compulsivamente las manos, grito de desesperación, que cojones pasa aquí.

Cierro los ojos, pego la frente a las dos muñecas e intento aclarar que cojones ocurre aquí, que hago esposado a un puto volante.

Con el corazón a mil por hora, la cabeza hirviendo y las muñecas y la cara machacándome el umbral del dolor me doy cuenta que no sé qué hago aquí, en un coche, que mirando el capó, no sé ni qué modelo es, ni a quién pertenece y lo más delirante estoy frente a una casa en medio de la nada viendo como la cortina que han colocado delante de la puerta es mecida por el viento… que es esto y que hago aquí.

Tengo miedo, lo entendéis ¿no?, no hay nada, algún árbol viejo, muchas matas y tierra seca. La casa está para regalarla, la pintura desconchada y los huecos de las ventana demuestra que el último arreglo exterior fue cuando la madera era primordial… joder, que es esto, de quién es esta casa y que cojones hago aquí.

Vale vale, reviso el interior del coche, no estaré más de 3–4 minutos consciente, veo a mi lado en el asiento del conductor una camiseta blanca (¿?) detrás hay tierra y dos cuerdas, tengo sed, me pica todo y repito, tengo miedo, no, miedo no, ansiedad, me ahogo. Debajo de la camiseta se averigua una forma ¿será la llave de las esposas? Empiezo a pensar que es una broma. La maniobra es difícil voy a intentar mover la camiseta con un pie. Como puedo pego la espalda a la puerta, muevo las manos sobre el volante y estiró la pierna, consigo apartar la camiseta arrastrándola con el talón. JODER hay un móvil, no es el mío… se apodera sobre mi un agobio, ¿qué está pasando aquí? Rompo a llorar y me dan espasmos en el pecho, me ahogo, me vomito los brazos. No puedo más voy a morderme las muñecas… tengo que salir de aquí, quiero morir fuera de este coche, este juego de sadismo no es para mí.

Pasa una eternidad, para mí, de tiempo. Estoy tan desquiciado que no sé si es mucho o poco o nada… entonces sale alguien de la puerta, no lo veo bien, el sol da de frente, es una silueta, menuda, brazos largos y algo encorvada. Se mueve, me meo encima del terror, de no saber nada…

-quien cojones eres!

No recibo respuesta, avanza despacio, lleva algo en cada mano. A dos metros de mí lo veo claro, el tipo está destrozado, parece que le han hundido una bota en la cara, varias veces. Tiene manchas de sangre y no lleva pantalones… le miro las manos, lleva un papel y… una pistola. No joder, no, no, no. Que mierda es esto, que estupidez es esta, le grito que no se acerque… me reiría si lo viera de fuera, un tipo esposado a un coche profiriendo amenazas a un tío con una pistola, inteligente.

El espantapájaros se pega al cristal del coche, se agacha, pone su cara en la ventanilla y sonríe… no entiendo nada, esto es una puta locura.

En un movimiento revienta con la culeta de la pistola la ventanilla y en un gesto de ansiedad me escondo entre mis brazos… no pasa nada… miro despacio… me está mirando, sigue sonriendo, me tira el papel a la cara y sin tiempo a la reacción se mete la pistola en la boca y se revienta por dentro… mi grito se ahoga, no me queda nada dentro del cuerpo, quiero morirme, me ahogo y tengo un puto papel en la mano.

Cuando consigo volver a la realidad noto que el papel pesa más de lo normal… y lo leo.

Ahora es tu turno

Y la llave de las esposas pegada en el papel.