Lo que se pierde Adele

Adele aún no llega a los 30 y ya es una celebridad que atrapa lo mismo a jóvenes que a adultos. Pero eso no es noticia nueva. La portadora de una de las voces más prodigiosas que ha dado Inglaterra al mundo en los últimos años, la muchacha londinense hija de padres divorciados, hizo pública, sin tapujos, la declaración de que usa interiores baratos porque no le gusta lavarlos, y los tira a la basura después de su primera y única puesta. Pero eso tampoco es noticia nueva.

Lo que sí me parece inédito es el hecho de reflexionar, dentro de un almendrón, en pleno centro de La Habana, sobre lo que se pierde Adele con su actitud. Avanza la melodía de Someone Like You, fondo musical de lujo para la ocasión y los pasajeros pensamos, conversamos, discutimos el significado, no de la canción, sino de lo que hace la cantante con su ropa íntima. ¿Será que no otorga demasiado valor a las cosas materiales: se deshace de ellas con facilidad y no sigue los patrones de moda que dictan emporios como Victoria´s Secret? Quizá, pero no necesariamente.

¿Podría ser, en cambio, su economía, lo que la lleve a transformar prendas personales en objetos desechables? Poco convincente. Aunque sé de algunas mujeres (y hombres, por qué no) que quisieran hacer lo que ella, y carecen del dinero suficiente para lograrlo, entiendo que en el caso de la dulce británica que dice Hello from the other side, no debe tratarse, únicamente, de finanzas.

Más allá del dilema entre el tener y el ser, tal vez los sicólogosy siquiatras tengan una lúcida respuesta: quién sabe si lo asumirían como una inquietante particularidad síquica de Adele. De cualquier manera, por una razón u otra, la verdad es que ella (Rolling in the Deep) se está perdiendo ciertas cosas. “Pequeñas cosas” siempre al alcance de quienes no tienen para pagar por un interior diferente para cada día. ¡Si Adele, la Miembro de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, supiera del cariño que una persona de estas, en especial una cubana, le puede tomar a un interior, o para decirlo a lo cubano, un blúmer!…¿cuánto ganaría, eh?

Estamos hablando de una prenda más que íntima. Un pedazo de tela que te puede acompañar, sin exageración, hasta cinco años. Toda la niñez, toda la secundaria, todo el preuniversitario, toda la Universidad…toda la vida. Un blúmer puede convertirse en un pedazo inseparable. De esos que te persiguen metafóricamente cuando los dejas de usar en alguna ocasión. Porque llega a acostumbrarse tanto a ser utilizado, lavado, reutilizado, cosido, que se convierte en blúmer mártir, campeón, inmortal.

Pie de foto: Blumer inmortal Foto: Internet

No dudo que algo similar suceda en otras partes del mundo, pero si eres cubana y estás leyendo esto, creo que recordarás de qué blúmer hablo. Ese mismo que estrenaste con un novio, o mejor dicho, el novio, hace tiempo; pero aún conservas. Te lo había regalado alguien muy querido, aunque ahora mismo no tienes muy claro quién, por un cumpleaños (los cubanos son “fanáticos” a obsequiar jabones y blúmer por los cumpleaños). Y la verdad te encantaba cómo te veías con él; no sé, lucías…o al menos, te sentías diferente, si bien no solo setrataba de imagen corporal. Reiterabas el ciclo: lavado, tendido, secado. Te lo volvías a poner enseguida… y si en algún momento no lo encontrabas, obligabas a tu madre o a tu abuela a hacerlo. Tu novio también llegó a conocer a fondo al personaje. Incluso pedía con frecuencia que te lo pusieras, si bien era ese un pedido innecesario.

Así transcurrió el tiempo y el único embate que sufrió tu blúmer, después del Periodo Especial, fue la pérdida del elástico. Pero se empezó a sentir tan cómodo, tan querido, tan familiar, que decidiste usarlo para dormir. Luego se convirtió, de súbito, en el ideal para pasar “la regla”. Hasta que parecía llegar el momento de su fin, pues los lazos entre ustedes cada vez más se desdibujaban. Comenzaba a notarse desteñido y como suele decirse, desbembao. Pero aun así te aferraste a él y le tomaste prestado a Adele el estribillo (He Won´t Go). Lo sé porque a mí también me pasó con mi blúmer beige, el mata-pasiones de florecitas, parecido, quizá, al usado por la cantautora en un punto inexacto de su pasado, cuando entonaba, probablemente, Take It All. Antes de que perdiera tantas libras y tantas cosas, excepto esa manera malditamente dulce de cantar.

No obstante, insisto en creer que Adele no está tan lejos de saber que un blúmer, más allá de su valor de cambio y de uso, puede adquirir un valor sentimental.¿O acaso es simple mercancía el vestuario de boda, incluido el de más adentro que no se ve? (Don´t You Remember?)¿Y lo que guardan algunos de su infancia, incluso ropa interior, es negociable, consumible y desechable? Aunque concuerdo con un amigo que una vez me dijo “me ponga lo que me ponga, lo mejor que me queda es tu amistad”, y me parecen sugestivas las ideas de rechazo a la cosificación de los humanos y la humanización de los objetos; aunque no constituye cuestión de celebrarle un cumpleaños a un blúmer, creo que en él, y en los objetos en general, se materializa mucho sentimiento humano, recuerdos, lo imperecedero que queda incluso cuando ellos se rompen, se pierden, se van. ¿Pero mientras están, no dicen bastante?

Por eso espero que Adele tenga algunos –aunque sea unos pocos blúmers — en su gaveta. Y ojalá cada vez tenga más en casa y menos tirados en basureros donde, ¿te imaginas? alguien se encargue de recogerlos por fanatismo, o para llevarlos a una subasta, por ventura en La Habana, ciudad de moda como demostró Chanel. De lo contrario, si continúa botando tales prendas personales, lo que sí se pierde la exquisita artista británica que no se ha dejado seducir por el boom del tema Cuba y jamás ha pisado la Isla — lo tenemos claro el chofer del almendrón que ahora me transporta por Centro Habana y yo — … lo que se pierde Adele es la experiencia, e incluso la posibilidad de cantarle, como haría una cubana, a un blúmer mártir, campeón, inmortal.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.